Eduardo Lalo: “Escribir es una forma de lucha, una marca”

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Ganador del Premio Rómulo Gallegos por su novela Simone, el escritor puertorriqueño Eduardo Lalo detesta que el libro sea visto como una simple mercancía y que el oportunismo de los políticos lo acosen ahora que ha dejado de ser ‘invisible’. En esta entrevista nos cuenta cómo es que de ser un deportista empeñoso pasó a ser un escritor que experimenta con los géneros.

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Por Jaime Cabrera Junco
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Hasta los 15 años leía muy poco y cuenta que lo hizo para diferenciarse de su padre y de su hermano mayor. Dos lectores en casa eran suficientes para él. “Lo primero que hice bien fue correr. Corría distancias de fondo y de campo traviesa. Me convertí en un buen corredor y entonces resultó que me enfermé”, recuerda Eduardo Lalo, escritor puertorriqueño ganador del Premio Rómulo Gallegos 2013. La enfermedad resultó ser una afección en las fosas nasales que derivó en una operación que lo obligó a reposar en cama y dejar de correr. “Lo consideré como un fracaso y fue que empecé a leer, leía cualquier cosa. De pronto pasé del absurdo de correr y correr hasta la extenuación a leer y escribir hasta la extenuación. De esa manera llegué a la literatura”, comenta el autor de Simone, obra que a los 53 años le ha dado un gran impulso a su oficio de escritor, aunque remarca, a este premio llegó caminando, es decir, sin el respaldo de una gran editorial ni de un aparato de marketing.

Estamos en la cafetería de un hotel de Miraflores. En uno de esos arrebatos del invierno limeño acaba de salir el sol. Eduardo Lalo habla de sus primeras lecturas. Empezó leyendo a los escritores del Boom a fines de los 70, sin embargo no precisa ningún autor o libro. “Recuerdo haber leído a los 17 años Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato, y luego la releí, aunque no sé si lo vuelva a hacer…y en ese autor había una dureza en la percepción del arte literario que me ha acompañado a lo largo de mi vida”, agrega.

 

¿Y en qué momento entonces es que siente esta inclinación por la escritura?
Pues muy temprano, justamente después de esta experiencia que acabo de contar sobre empezar a correr. Después de leer pasé casi de manera natural a escribir…no recuerdo el libro que a mí me deslumbró, que me dio la experiencia originaria si es que tal cosa existe, de lo que puede ser la literatura, de lo que puede ser la escritura. Pero creo que queda la sensación de la experiencia y quizás lo que trata de hacer uno como escritor es devolver esa experiencia pero producirla, tratar de ser un autoproductor de esa maravilla que uno descubrió en un algún momento.

¿Y ese primer contacto con la escritura empezó con la poesía o con el cuento?
Empezó casi a la misma vez con la intención de escribir cuentos y poesía. En cierta medida son pasiones que me han acompañado siempre. Creo que descubrir la poesía aun si después uno no la practica – en mi caso sí la practico-, es importante porque nos muestra las posibilidades de la lengua. Tenemos la tendencia a ver la lengua como algo muy utilitario, que transmite información y eso no es… hay una dimensión informativa que tiene el hecho lingüístico, pero esa no es ni siquiera su dimensión más importante. La lengua es un sonido, una forma de relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos, es una forma de descubrir y de pensar. Reducir ese acto constante que es la lengua a transmisión de información es una de las malas influencias de esta cuestión tecnológica, de la ‘era de la información’. Nunca hay tal cosa como información pura, es una creación, una ficción del mundo que transmitimos a través de las palabras. Aunque sean estadísticas, siguen siendo una forma ficcional de tratar de crear seguridades en un espacio.

 

Cuando habla, Eduardo Lalo gesticula mucho moviendo las manos. Mientras pronuncia las palabras arruga su infinita frente, y de rato en rato mira de reojo a su esposa que espera sentada a unos metros. Toca ahora hablar de sus escritores referentes. Alguna vez dijo que entre sus influencias fundamentales se encuentra el rumano Emil Cioran, aunque también incluye a Nietzche y a Bataille. “Ellos son autores de cuaderno, de libreta, de fragmentos y mi escritura tomó muchos derroteros pero llegó a encontrarse en ese tipo de experiencia”, añade.

 

Es entonces, usted, un escritor de libretas, que constantemente anda tomando notas…
Sí, sí. Yo soy como un músico que lleva su instrumento todo el tiempo, el mío es una mochila, en ella llevo mis cuadernos, mis libretas y varias plumas. Yo escribo con tinta, creo que si no escribiera con tinta no escribiría porque en la materialidad, esa punta de la pluma fuente en el que brilla la tinta medio segundo sobre el papel es para mí una experiencia lujuriosa, de placer absoluta.

¿Y el proceso de pasar lo escrito a una computadora?
Es el horror, es el aspecto más desagradable. Cuando ya tengo un texto en limpio que voy retrabajando en el papel, es allí que lo disfruto, es una dimensión muy placentera también porque el texto está realmente adquiriendo su forma definitiva.

 

Volvemos a hablar del Boom y Lalo nuevamente dice que le cuesta precisar a un autor favorito aunque reconoce que en algún momento le interesó Cortázar, pero hasta allí no más. En cuanto a literatura peruana más que Vargas Llosa dice que conoce al poeta César Moro, pero incluso más que su poesía –dice- le gusta lo que llama “el gesto de Moro”. “Me gusta esa radicalidad de su escritura, de escribir en francés, su compromiso radical con el texto que muy pocos van a poder entender”, comenta. También admira a Jorge Eduardo Eielson, de quien destaca sus intentos por “redefinir los límites poéticos”, que es algo que le interesa mucho a Lalo y sobre lo que volveremos hablar.

 

 

EXPLORANDO LOS LÍMITES DE LA NOVELA

EDUARDOLALOPOST2Nació en Cuba en 1960 y desde los dos años vive en Puerto Rico, específicamente en San Juan, su ciudad. Comenzó a dibujar con destreza recién a los 21 años y sin ninguna formación artística se fue a vivir a París para ingresar a una escuela de bellas artes. Es en la Ciudad Luz donde nace Eduardo Lalo, el nombre artístico claro está. Su nombre real es Eduardo Rodríguez, y cuando estuvo en Francia, lejos de la familia cuenta que soñó con su padre quien siempre lo llamaba Lalo. “En el sueño yo decía ‘me llamo Eduardo Lalo’. Al final me olvidé del sueño y salí a caminar en la tarde, como yo iba siempre a las librerías, en una de ellas había un piso de discos, y de pronto veo en la sección de clásicos un disco de un compositor francés que se llamaba Édouard Lalo y yo dije allí está la señal”, cuenta y admite que ha sido la única vez que le ha hecho caso a un pensamiento mágico.

 

Bueno, César Moro, a quien admira, tampoco se llamaba realmente así sino Alfredo Quíspez Asín
Yo creo que es algo que en la literatura y en el arte, es una identidad que uno se atribuye, por eso es tan común que el autor, el artista, sino cambia completo de nombre, altere su nombre habitual, porque es otra persona.

¿En qué momento empieza a tomar conciencia de que le interesaba escribir una obra que se mueve en la frontera entre la autobiografía, el ensayo y la ficción?
Yo creo que viene desde siempre. Mi primer libro, En el Burger King de la calle San Francisco, es una especie de crónica-ensayo sobre los vagabundos que van al lugar a pasar la noche allí. En ese pequeño texto ya estaban muchas de mis preocupaciones: la ciudad, el caminante de la urbe, la marginalidad. Y también estaba allí mi ciudad, San Juan, y mi libro Los pies de San Juan, es un texto visual, que tiene dibujo, fotografía, grabado, es como un libro híbrido, y a la misma vez un texto sobre la ciudad, que reflexiona y hace una crónica sobre ella. A mí siempre me ha preocupado redefinir los géneros. Creo que todo eso puede hacer una novela. Como no tiene que serlo tampoco. Para mí el género fundamental es la escritura, en ese sentido, tiene cierta ironía este premio que se me ha concedido que es de novela y Simone es una novela, pero no es mi única novela.

Sobre esta novela, Ricardo Piglia, uno de los integrantes del jurado del Premio Rómulo Gallegos, dijo que presenta aspectos de autobiografía, pero también «una historia de amor contada con un contenido al mismo tiempo erótico, social y político». ¿Cuál fue el punto de partida de Simone?
Bueno, sería difícil precisarlo porque ya no lo recuerdo exactamente, pero sé que es el mismo proceso de todos mis libros. En un cuaderno, en un momento dado, me detengo, saco la libreta y una pluma y escribo una frase o dos o tres frases y ese es el inicio. En un primer momento, a veces no sé la naturaleza genérica del texto que estoy escribiendo, voy acumulando una serie de páginas y luego tomo una decisión consciente y me digo que esto va a ser una novela, un ensayo, lo que sea…quizás un poco más adelante decido si va a ser un solo texto o si va a tener también imágenes fotográficas u otra cosa. Entonces, surgió de esta manera, no tengo un plan de trabajo sino que voy descubriendo la novela a medida que la voy escribiendo.

Porque comienza con una reflexión sobre el acto de escribir…
Sí y casi todos mis libros comienzan con esa palabra, con ese verbo: escribir. Por ejemplo, hay un texto visual porque es un ensayo fotográfico sobre los graffitis de las celdas de la antigua penitenciaría de San Juan, el libro se llama El deseo del lápiz y empieza, justamente, con el verbo escribir. En ese sentido, yo creo que todo texto reconvoca la pregunta de por qué escribir

Ese es el punto de partida suyo, la reflexión sobre la escritura…
Sí. Así es.

SimonePostLalo1Sobre las líneas o conexiones de la novela, se han mencionado que allí están la soledad, la ciudad (en este caso San Juan), la invisibilidad de la protagonista, el deseo y la palabra. Subrayo «la palabra» porque en la novela hay muchas referencias metaliterarias. ¿Cuál de estos aspectos tiene más peso?
Bueno, no habría nada sin la palabra. Es un texto literario, es decir, un texto muy construido, cuya realización presupone todo un trabajo técnico, eso no quiere decir que todo lo otro no esté presente, claro que no, pero hay que pensar que antes que todo…es decir, la novela es un género profundamente autobiográfico, pero Simone no es mi autobiografía, si yo hubiera querido que lo fuera, sería un libro muy distinto. Ahora, allí están mis preocupaciones, son explícitas, pero es una novela, crea un mundo de ficción. A veces cuento que cuando se presentó esta novela en la Feria del Libro de Buenos Aires, la gente se decepcionaba porque no me veía con una mujer oriental de la mano, y lo considero en cierta medida un elogio porque creo que Li Chao se ha convertido en un personaje muy importante.

 

Simone, la novela que le ha dado una nueva dimensión a la carrera de Lalo, tiene como protagonista a un escritor –alter ego del autor- que conoce a una inmigrante china (Li Chao), que le envía a él fragmentos de mensajes con el seudónimo de Simone Weil. Sin conocerla, ella empieza con ese juego misterioso de seguirle los pasos a su ‘presa’, quien sigue intrigado sobre quién es esa tal Simone. En una de esas cartas ella le escribe lo siguiente: «Escribes porque te gusta, porque no sabes hacer otra cosa, porque no eres capaz de vengarte de otra manera (…) Ahora sé que luchar y escribir es lo mismo».

¿Usted también ve el acto de escribir como una lucha?
Sí, eso lo podría suscribir totalmente. Escribir es una forma de lucha, de dejar una huella, una marca. Esto no tiene que ver con esas tonterías de la inmortalidad, no…es una marca, por eso está el graffiti, tenemos una necesidad desde los primeros seres humanos a alguien dejando una marca, es la primera firma, y creo que es una experiencia humana fundamental. Luchamos por existir, sino desaparecemos.

En la novela hay una discusión de dos de sus personajes con un escritor español, a quien le replican: «Publicar en España no significa ni asegura nada». Eso tiene que ver con usted, quien ha dicho que no ha querido publicar en España.
Sí, yo creo que aquí somos víctimas de una ingenuidad, estamos bajo la fascinación de los autores del Boom, de cómo se dio el modelo que fue entonces muy feraz para esos autores, pero nuestra época no es tan ingenua ni tan inocente. La literatura debe tener otros parámetros y creo que hoy no estamos en ese mismo mundo de los 60 y 70, en ese sentido las pequeñas editoriales tienen cada vez más que decir porque creo que preservan no solo una calidad sino una tradición, y por eso digo que llegué a este premio caminando de la mano de pequeñas editoriales y no veo por qué tenga que irme de ellas. Si pueden hacer su trabajo, que los libros lleguen a los lectores de América Latina, a las editoriales de otras partes que quieran traducirlos ¿por qué no? No veo razones para estar en las dos o tres grandes editoriales del mundo hispánico, es más, no estoy leyendo libros de esas editoriales, por una parte encuentro que no sean parte de esa literatura que me interesa leer en estos momentos.

Entiendo, por lo que me dice, que estas grandes editoriales españolas lo han estado tratando de convencerlo para firmar con ellos
Sí, ha habido agentes literarios que lo han hecho para llevarme a esas editoriales, pero creo que después de lo que ha salido por allí (ríe) en la prensa no creo que me vayan a llamar otra vez.

 

 

LA INSOPORTABLE INVISIBILIDAD

Eduardo Lalo sostiene que América Latina le ha dado la espalda a Puerto Rico, pero se refiere de manera especial en la cultura y de manera específica a la literatura, puesto que sabe que en cuanto a música, todos reconocemos muy bien a la música puertorriqueña, en especial a la salsa. En el Perú, en el Callao para ser más precisos, se escucha la salsa boricua y ni en Ponce se recuerda tanto a Héctor Lavoe. Lalo dice que apenas salió del aeropuerto Jorge Chávez vio desde el auto un mural con el rostro de Lavoe y también de Ismael Miranda. Por eso, esa invisibilidad de la que habla se refiere a la literatura. “Por eso siempre destaqué la valentía del jurado del Rómulo Gallegos porque este premio está fuera del canon, del canon latinoamericano ni qué decir puertorriqueño. Los libros siempre viajan por la pasión de los lectores, aquí no hay marketing”, dice y nuevamente arruga la frente y se nota que le fastidia que el libro sea visto como cualquier tipo de mercancía.

 

¿Y ahora es consciente que con el premio ya no es un escritor ‘invisible’ y que en adelante lo que diga y más aun lo que publique será tomado con mucha atención?
Claro, claro…pero todavía no lo he sentido del todo, he estado reaccionando tanto. Y sé que lo positivo y negativo que esto tiene, lo positivo que ahora en todos sitios hablo y por lo menos me tienen que escuchar, y si algo bueno tiene para mi país es el decir basta a las palabras vacías, tratemos de escuchas cosas, si yo sirvo para ser portavoz de asuntos que merecen la pena escucharse, muy bien. Amnistía Internacional de Puerto Rico quiere hacerme su emisario de conciencia y yo he aceptado, pues ese tipo de portavocías me interesa. No me interesa, por ejemplo, si unos políticos creen que están haciendo algo por la cultura si me dan un pergamino y les he dicho que no, acá también hay que decir que no, y el acto de decir que no es un acto de afirmación de otros valores. Y ya he dicho muchos ‘no’ y eso ha generado muchas enemistades seguro, y cuando publique nuevamente sé que habrá gente que venga con un machete hacia mí, pero eso es parte de la cosa, y yo quisiera defender ese espacio.

¿Cuál diría es su apuesta literaria? ¿Qué le interesa explorar a través de la escritura?
A mí lo que me interesa explorar son los límites de la escritura, ver los límites, ver hasta dónde se puede llegar. La escritura es un espacio, no es meramente la descripción de la realidad, es una grafía y casi un sonido. Me interesa ver qué se puede hacer literariamente con todo eso y cómo eso se puede meter en algo que hemos llamado libro hasta ahora. Como le decía a Piglia cuando me felicitó por el premio, ojalá algún día nuestras novelas tengan sonido y no me refería a ponerle una banda sonora como una película sino que fuera como arte sonoro y que contuviera una exploración del sonido, del ruido, así como podemos hablar de poesía concreta o algo por el estilo. Esas redefiniciones de las fronteras de las artes y de los géneros dentro de cada arte es lo que a mí siempre me ha interesado explorar, y en ese sentido no soy un novelista puro, un poeta puro, no soy un ensayista puro, soy un mulato, un mestizo de todo eso, donde mis textos parecen filosóficos, y a la vez son unas crónicas, novela o lo que fuera, son escrituras, son exploraciones hasta dónde puede llegar la escritura.

 

 

CINCO LIBROS RECOMENDADOS POR EDUARDO LALO

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1. La experiencia interior, de Georges Bataille.

2. Cuentos fríos, de Virgilio Piñera.

3. Litoral: reseña de una vida inútil, de Luis Palés Matos

4. El #### y el espanto, de Pascal Quignard.

5. Poesía de Alejandra Pizarnik.

Bonus track: Voces, de Antonio Porchia.

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