Rivera Martínez: “’País de Jauja’ sigue vigente en muchos sentidos”

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Rivera Martínez en la sala de su casa de Miraflores. Detrás de él reposan las fotografías de su familia.
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Conversamos con el escritor Edgardo Rivera Martínez con motivo de dos celebraciones: los 20 años de la publicación de su novela País de Jauja y sus ocho décadas de vida. El autor jaujino, que además acaba de ser distinguido con el Premio Nacional de Cultura, nos habla sobre su gran novela, sobre la narrativa peruana actual y el hábito de la escritura que espera nunca abandonar. Esta entrevista fue preparada especialmente para la edición 8 de Buensalvaje. Esta es una versión ampliada gracias a que la web lo aguanta todo.

 

Por Jaime Cabrera Junco
Fotos: Handrez García

Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933) acaba de cumplir 80 años y la celebración fue muy especial como esperada. Se realizó –por fin- en su tierra natal, aquella que inmortalizara en su gran obra País de Jauja, publicada hace dos décadas y considerada como la mejor novela peruana de los 90. Este homenaje, lleno de emociones y que finalizó con un baile en el que participó el autor, fue muy significativo para él y, según confiesa, lo esperaba en silencio desde hacía mucho. Lejos del sol y del clima seco de su ciudad –aquella que curaba a los enfermos de la tuberculosis- conversamos con él en su casa de Miraflores bajo el cielo gris de Lima, valga la redundancia.

¿Cree que País de Jauja sigue vigente teniendo en cuenta que nuestro contexto es distinto al de 1993 cuando recién se comenzaba a controlar los embates del terrorismo?
Creo que está vigente en muchísimos sentidos. Jauja ahora no es un polo que atraiga a personas por razones de salud como ocurría en 1947, época en la que está ambientada la novela, en la que todavía había una presencia de personas de diferentes países que llegaban para curarse de la tuberculosis. Jauja era una pequeña sociedad cosmopolita, cuando yo era niño vi a personas de distintas nacionalidades e incluso algunas de ellas llegaron de Japón. Me imagino que para el lector de hoy no existen dificultades de leer esta obra porque es una Jauja que vive un momento pacífico, un Perú sin los problemas que trajo luego la guerra interna.

Esta novela tiene muchas aristas, por ejemplo, el crítico Ricardo González Vigil afirma que es «la mejor novela peruana sobre la vocación artística». Usted sostiene en cambio que en esta obra se transmite una utopía lírica donde hay una conjunción feliz: el amor por lo andino y la apertura a la cultura occidental. ¿Esta utopía, que hace 20 años era un canto de esperanza, es hoy más irrealizable que nunca?
Sí, seguramente es así. En muchos sentidos País de Jauja es una novela de la felicidad, del descubrimiento por parte del protagonista (Claudio Alaya) de su vocación verdadera, del camino a través del cual podrá realizarse que es el de la literatura, si bien para la música está dotado su formación es bastante tardía.

¿Qué autocrítica podría hacer de País de Jauja?
No lo sé, no me he planteado ese problema, en todo caso esa convivencia armónica entre gentes de diversas procedencias tal vez ahora no se daría de la misma forma. Ahora, como digo, ese modo de sentir el paisaje, la naturaleza, las raíces se puede dar pero sería de otra manera. En todo caso, la propuesta de País de Jauja es el de una utopía posible, una conjunción feliz de un país multicultural como es el Perú y eso se sigue mostrando ahora que se toma conciencia y emergen en el panorama cultural etnias amazónicas que son más de 20, que tienen su lengua, su cultura muy amenazados por el sistema político y económico en que vivimos, por la minería informal, etcétera. Somos un país multicultural y lo que debería lograrse es una convivencia armónica, feliz, creadora y esa es la propuesta de esta novela.

PaisdeJaujaPost2EntrePaís de Jauja fue publicada en 1993 el mismo año en que apareció Lituma en los andes, de Mario Vargas Llosa. La crítica señaló en su momento que el hoy Nobel de Literatura mostraba una visión inconsistente de lo andino. ¿Coincide con esta apreciación?
Digamos que en esa época, no sé cómo será ahora, él no sentía el Ande, no lo vivía. Sin restar en absoluto sus grandes méritos no estaba compenetrado con la cultura, con el sentir del alma andina. Yo por nacimiento, por mis raíces, sí lo estoy profundamente.

Eso lo pone en la orilla opuesta de Vargas Llosa, ¿considera que los temas que a usted le interesan como escritor están en las antípodas de él?
Tenemos una visión diferente, una manera distinta de sentir los andes, el Perú. No estoy desvalorizando su obra, estoy señalando las diferencias que existen entre nuestros temas. Por ejemplo, para mí la música andina significa muchísimo emocionalmente. He sido lector de recopilaciones de letras, de la música andina hecha por estudiosos, yo, como Claudio (protagonista de País de Jauja), me inicié en el piano con mi madre que tocaba ese instrumento. Pensé en presentarme en el conservatorio, lo llegué a hacer pero me di cuenta que para eso era tarde y que mi camino estaba en la literatura.

Y la visión de José María Arguedas del hombre andino, ¿es muy idealizada como dice Vargas Llosa?
Sí, probablemente es así, sin restar en absoluto méritos a la obra de Arguedas por la cual tengo un gran respeto, él no enfocó su atención en ese encuentro, en esa conjunción de lo andino y lo universal. En tanto para mí era muy natural disfrutar de la música andina y de las composiciones de Beethoven, de Bach; disfrutar de la letra y música de los huaynos, mulizas, y también leer poesía española y ya se anunciaba mi admiración por César Vallejo, este poeta universal.

En 1994 aparece Ximena de dos caminos, novela de Laura Riesco, que tiene en común con País de Jauja este acercamiento armonioso entre lo andino y lo occidental. Pero luego no encontramos a autores que aborden este tema, ¿a qué cree que se debe esto?
Leí con mucha atención y afecto la novela de Laura e incluso originalmente el texto no iba a ser presentado como una novela y yo, que asesoraba a la editorial que la publicó, dije «esto es una novela», luego nos hicimos muy amigos y posteriormente ella partió a Estados Unidos.

¿Y a qué se debe a que no ha habido continuidad en este aspecto? ¿Los escritores están mirando más hacia afuera que hacia adentro?
Este fenómeno debe tener causas diferentes, en parte se debe a una visión prevalente de lo que nos viene de afuera, una manera de ver las cosas impregnada de elementos foráneos, también en algunos casos porque están pensando en el mercado editorial.

Miguel Gutiérrez afirma que los narradores jóvenes cuestionan sentimientos como el de patria y nación
En parte sí, y como digo se trata también de la influencia ejercida por una producción novelística abrumadora que nos viene de fuera que es muy comentada por la crítica y por la prevalencia de lo urbano.

ERiveraMartinezPost4Cuando las novelas peruanas contemporáneas se ocupan de los andes lo hacen para escenificar los años de la guerra interna. Esta fórmula ha tenido éxito en España, donde incluso estas novelas han sido premiadas
Es una visión del Ande desde afuera y hacia afuera. También se tiene en cuenta ahora un Perú que no está embarcado en una guerra interna que tiene otro tipo de problemas políticos en el que no se da una verdadera inclusión social.

¿Para escribir y sentir los andes es necesario haber nacido allí?
Es una cuestión de raíces o también podría darse el caso de que algún estudioso de las manifestaciones andinas se haya volcado hacia el terreno de la creación novelesca, pero no sé de ningún antropólogo que haya hecho esto.

¿Lee usted las novelas peruanas contemporáneas?
Sí, pero no mucho porque tengo que concentrar mi atención en lo mío y ya por razones de la edad se me hace difícil el mantener el mismo ritmo de trabajo, de lectura, y en muchos casos disfruto mucho de la relectura de textos que han sido para mí muy importantes.

¿Qué libros relee?
En busca del tiempo de perdido, obras mías y también de otras autores. Acabo de releer Pedro Páramo, de Juan Rulfo, quien está entre los escritores que más aprecio.

Acaba de decir que suele releer sus obras, ¿ha releído País de Jauja?
Hay noches en las que releo partes porque me divierte hacerlo.

¿Qué sensación tiene de leer su propia obra?
Vuelvo a vivir lo que imaginé en aquel momento.

¿No se arrepiente de lo escrito? ¿No le parece que podría corregir algunas cosas de País de Jauja?
A veces digo “aquí tal vez debió ponerse una coma”, pero son detalles pequeños.

¿No le quitaría páginas para publicarla ahora en tiempos en que se publican novelas cortas?
No, aunque quizás en algunos párrafos que son muy extensos vería la forma de que haya un punto aparte, pero nada más.

¿Cuánto ha cambiado la narrativa peruana en los últimos 20 años?
No estoy en condiciones de pronunciarme al respecto porque por razones de tiempo y trabajo no me mantengo al día en la lectura de obras recientes. Salvo algunas excepciones, por ejemplo he comenzado a leer la última novela de Mario Vargas Llosa, pero no tengo el tiempo ni la dedicación de mantenerme al día de la producción literaria actual.

 

 

***

En la sala del departamento de Rivera Martínez llaman la atención dos objetos: el viejo piano negro que tocaba en su niñez y un lienzo de la virgen María junto al niño Jesús. Ambos fueron traídos de Jauja y ocupan un espacio privilegiado en este pequeño ambiente, es decir, no pasan desapercibidos acaso a propósito. En el estante próximo a la ventana reposan libros de pasta dura, algunos de ellos de historia de la música y de arte. También hay portarretratos de sus nietos sonriendo y una fotografía en blanco y negro de su madre, María Martínez. Todos estos elementos, como en sus novelas, remiten a recuerdos y a aquellas presencias importantes de su vida. Son, para decirlo en términos de Marcel Proust, instantes de tiempo recobrado.

ERiveraMartinezPoST3Usted tenía 60 años cuando se publicó País de Jauja. Luego vino el reconocimiento y la consagración. ¿No tuvo temor de que esta novela fracasara y que la escritura pase a un segundo plano para dedicarse a labores alimenticias?
No, no pensé en eso. Quizás no esperaba un éxito comercial, eso no estaba presente en mis pensamientos.

¿Aun no habiendo recibido la crítica tan favorable hubiera seguido escribiendo sin problemas?
Porque antes de País de Jauja lo que publiqué era para minorías, eran ediciones pequeñas que fueron bien recibidas pero no de la manera que pasó con esta novela.

Revisando su biografía encuentro que hay dos libros que siempre menciona: La Ilíada y En busca del tiempo perdido. ¿A qué libro le debe más como escritor?
Son obras de carácter muy diferentes, de épocas muy diferentes. Disfruté mucho de la literatura clásica a través de las traducciones al español, pero cuando me inicié en los estudios en San Marcos mi lectura de los clásicos griegos hizo que me acercara a alguien quien significó mucho en mi vida: Fernando Tola, un gran helenista que cercano ya a los 100 años sigue aún activo y debe dominar unas 14 lenguas.

De La Ilíada le viene esta asociación entre la mitología griega y la andina
Claro, en País de Jauja está esta Elena (Oyanguren) tan bella que hace pensar en la Elena de La Ilíada.

En el caso de En busca del tiempo perdido, los curas franceses fueron los que le dieron a leer la obra. ¿Qué le reveló este libro que ha significado tanto en su narrativa y que incluso lo hace volver siempre a él?
Me reveló, pues, lo que puede haber y hay de memorable, de poético, en los diversos momentos del día, esos momentos que parecen como que se pierden en el pasado, en el olvido y eso es recobrado, es un recordar de todos esos momentos significativos, felices e iluminadores. Además, leer la prosa de Marcel Proust es algo muy placentero; vuelvo a la lectura de su obra aunque con menor frecuencia por la prevalencia de mi interés en lo peruano.

¿Se ha dado cuenta de que usted es una suerte de Proust andino?
Quizás haya componentes proustianos en mi narrativa, y es que está entre los narradores que más admiro y dentro de la literatura francesa sin ninguna duda lo es.

Cuando le piden explicaciones sobre la génesis y el proceso de gestación de sus obras, sus respuestas no son precisas, ¿esto se debe a que para usted la escritura es un proceso mucho más sensorial que racional?
Lo racional sí está presente pero lo demás es un proceso interno.

¿Ya terminó de escribir su novela Casa de cristal?
Está en proceso, trabajo a ritmo más lento ahora, pero espero tener la salud y la posibilidad de terminarla. No me he impuesto ningún plazo.

¿No ha vuelto a escribir cuentos?
Tengo por ahí unos cuatro cuentos de temática andina inédita, pero sucede que también hay preocupaciones que retardan mi trabajo.

¿Cómo enfrenta la inminencia de la muerte?
Como todo ser humano la muerte es algo que temo, algo a lo que me resigno, y, en todo caso, desearía que este tránsito sea lo más sereno posible, porque la muerte es un tránsito: del ser al no ser.

Alice Munro, la escritora canadiense que acaba de ganar el Premio Nobel, dijo hace algunos años que se retiraba de la escritura y se ha vuelto a reafirmar en ello. En su caso, me contaba en una conversación anterior que tuvimos, su consigna es escribir «hasta el último día»
La escritura es parte de un trabajo que compromete la imaginación con los afectos, la manera de ver las cosas, el enfoque de la actualidad, etcétera. Yo creo que continuar escribiendo es saludable y espero nunca dejar de hacerlo.

¿Diría que escribir ha sido su descubrimiento más importante?
Me parece que en lo interno, en lo más profundo de mi ser, así es.

 

 

LECTURAS RECOMENDADAS POR EDGARDO RIVERA MARTÍNEZ

1. El Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.

2. La poesía de César Vallejo.

3. La poesía de José María Eguren.

4. En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.

5. Toda la literatura clásica griega.

 

 

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