De cuando Fujimori firmó un manifiesto de apoyo a Vargas Llosa y otras curiosidades más

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    En lugar de país invitado, en 2019 la Feria del Libro de Lima está dedicada a la vida y obra de Mario Vargas Llosa. (Foto: Portal Infobae.com)
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    La edición número 24 de la Feria Internacional del Libro de Lima tiene como invitado especial a Mario Vargas Llosa. Por eso te compartimos estos datos sobre el único Premio Nobel peruano. ¿Sabías que Alberto Fujimori firmó un manifiesto en apoyo del autor de La ciudad y los perros? Estos y más datos en este artículo de Luis Rodríguez Pastor.

     

    Por Luis Rodríguez Pastor

     

    1. William Faulkner estuvo en Lima y Vargas Llosa no se enteró

    Son tres los escritores fundamentales en la formación de Vargas Llosa como escritor e intelectual: Gustave Flaubert (1821-1880), William Faulkner (1897-1962) y Jean Paul Sartre (1905-1980). El primero definió su compromiso incombustible a la hora de emprender la escritura, el segundo le abasteció de un repertorio de herramientas técnicas que le descubrieron la concomitancia entre qué se cuenta y cómo se cuenta, y el tercero fundió la vocación del escritor con la de un intelectual comprometido con su tiempo. La admiración por Sartre se desarrolló básicamente a lo largo de doce años: desde el verano de 1952 hasta abril de 1964, en que progresivamente fue distanciándose del autor de Las moscas, a quien llegó a conocer en abril de 1967. A los otros dos escritores los emparenta el que mantenga hasta la actualidad una admiración que linda con la devoción, y también el no haberlos conocido en persona. A Flaubert, por obvias razones cronológicas; a Faulkner, por un curioso descuido, ya que estuvieron muy cerca un día de hace 65 años.

    La única vez que el Premio Nobel de Literatura William Faulkner pisó el Perú fue el sábado 7 de agosto de 1954. Su estadía duró exactamente 24 horas, realizó una serie de actividades durante ese sábado: en la mañana visitó el Museo de la Cultura y el estudio del pintor José Sabogal, almorzó en la residencia del embajador de Estados Unidos, en la tarde dio una conferencia de prensa y en la noche una mantuvo una reunión con intelectuales (ambas en el Hotel Bolívar, donde se alojó). La mañana del domingo 8 de agosto partió con dirección a Sao Paulo, al Congreso Mundial de Escritores. Para entonces, Vargas Llosa ya era un apasionado lector del norteamericano (específicamente, desde 1953), y de hecho conocía a varios de los que entrevistaron o conversaron aquella vez con Faulkner, entre ellos, su profesor Carlos Eduardo Zavaleta, quien lo acercó a la obra del autor de Luz de agosto.

    Vargas Llosa nunca ha referido haberlo conocido ni haber participado en ninguna presentación pública de Faulkner. Para estar totalmente seguros, le hicimos la pregunta en conversación personal, el 14 de marzo del 2015, y nos respondió que Faulkner solo había estado de paso; cuando le respondimos que Zavaleta lo había entrevistado, supuso que la entrevista se había realizado en el aeropuerto. Le comentamos que teníamos una documentación detallada acerca de su estadía y actividades en Lima, con lo que quedó sorprendido e interesado en conocer más del hecho, pues “estaba segurísimo que no” había estado en Lima. Vargas Llosa perdió aquel día la única oportunidad que tuvo de conocer a su autor de cabecera, del que ha afirmado “que hay que leer de principio a fin y varias veces”[i].

     

    1. Rafael Merino Bartet

    Mario ha contado el trío inseparable que formaron él, Lea Barba y Félix Arias Schreiber durante 1953. Pero antes que Félix llegara, quien frecuentaba a Lea y Mario era un joven llamado Rafael Merino. Mario cuenta en sus memorias que incluso fueron alguna vez a la playa. Cómo sería de opuesto el destino de ambos, que cuarenta años después, mientras Mario era un férreo opositor del gobierno de Fujimori, Merino Bartet era uno de los cabecillas del Servicio de Inteligencia Nacional de Vladimiro Montesinos.

     

    1. Un cura intentó violarlo

    Sorprende que este caso haya pasado prácticamente desapercibido, a pesar de haberlo contado en sus memorias, El pez en el agua (1993). Mario tenía poco más de once años y fue a recoger su libreta de notas al colegio La Salle, donde estudió cuarto, quinto y sexto de primaria. El padre que lo recibió lo llevó a las habitaciones de los pisos superiores, le mostró revistas pornográficas y, salivando, comenzó a meter su mano entre la bragueta. Mario se asustó y se fue corriendo. Y se salvó. Quien no se salvó fue su amigo, el escritor chileno Jorge Edwards, que hace pocos años ha hablado por primera vez del tema en sus memorias. Que las denuncias por abuso sexual realizadas por cura hayan explotado en los últimos años no significa que esta práctica sea reciente.

     

    1. El fin de Batuque

    Quienes hayan leído Conversación en La Catedral recordarán la anécdota de la que parte: luego de ver la avenida Tacna sin amor, preguntarse en qué momento se había jodido el Perú, caminar por La Colmena, cruzar la plaza San Martín, encontrarse con Norwin en el Zela, tomar un trago y luego partir en colectivo a Miraflores, Zavalita descubre a su esposa Ana llorando porque los de la perrera le han quitado a su mascota, Batuque, y se lo han llevado. Zavalita regresó al centro de Lima, encontró la perrera, rescató a su mascota y descubrió una escena terrorífica: los perros que nadie reclamaba eran llevados a un galpón, los metían en un saco y los apaleaban hasta morir. Esta anécdota es real y la cuenta Mario en El pez en el agua (1993), y en sus memorias añade que al salir de la perrera es que entra al primer “cafetucho” que encuentra y es ahí que piensa en la idea de escribir una novela ambientada en los finales del gobierno de Odría, que vivía por esos días. Vargas Llosa tenía 20 años y se había casado el año anterior, en julio de 1955. Vivía con Julia en una casita ubicada en la calle Porta 183, en Miraflores, en la llamada Quinta de los Duendes, y poco tiempo después les habían regalado una mascota a la que llamaron Batuque. (Esta coincidencia entre los nombres de los personajes de la novela y los seres que la inspiraron en la realidad no es exclusividad de Batuque: ocurre también con Carlitos, Norwin, Milton, Becerrita, Héctor, Washington y más). La mascota los acompañó durante los dos años que continuaron viviendo en Lima, hasta octubre de 1958 que partieron a Europa. ¿Qué pasó con Batuque? Lo entregaron a unos familiares y poco tiempo después murió atropellado por un auto.

     

    1. El ají de gallina que preparó Victoria Santa Cruz

    Mario vivió en París entre 1959 y 1966, una ciudad y una época plagada de grandes personajes y acontecimientos políticos y culturales. Era frecuente en aquella época que egresados de las universidades San Marcos y Católica —flamantes filósofos, antropólogos, sociólogos, etcétera— fueran a realizar estudios de posgrado o para ‘entrenarse’ como escritores o revolucionarios. Pasaron temporadas en París durante la década de 1960 Pablo Macera, Federico Camino, François Mujica, Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce Echenique, Humberto Rodríguez Pastor, César Calvo, Rodrigo Montoya, Ricardo Letts, Edmundo Murrugarra, Heraclio Bonilla y un largo etcétera.

    Una de las peruanas que vivió en París durante esa época fue Victoria Santa Cruz Gamarra (1922-2014), quien luego de una serie de exitosas temporadas codirigiendo con su hermano Nicomedes la compañía Cumanana (1959-1962) radicó en la ciudad europea entre noviembre de 1962 y noviembre de 1966, donde realizó estudios de teatro.

    Era frecuente que los peruanos se reunieran, compartieran recursos y experiencias (era casi parte de la rutina pasar por la casa de Vargas Llosa, algo que llegó a exasperarle por la cantidad de tiempo que le tomaba); en una de las ocasiones en las que la reunión de los peruanos se hizo en la casa de Julio Ramón Ribeyro, participó también Victoria Santa Cruz, quien preparó un ají de gallina que fue el elogio de todos. Uno de los comensales más entusiastas fue Mario Vargas Llosa. Esta anécdota nos la contó la propia Victoria en entrevista personal, a inicios de la década pasada.

     

    1. La reunión con Fidel Castro

    Fidel Castro es el personaje del que Vargas Llosa ha hablado con más pasión desde que apareció triunfalmente en la historia, el 1 de enero de 1959. Primero desde la admiración (1959-1971) y luego desde el progresivo cuestionamiento, la franca oposición y finalmente desde obsesivos niveles de encono. De hecho, es el personaje público que más ha mencionado en sus columnas de opinión, un permanente motivo de crítica.

    (A pesar de la oposición a su régimen, sorpresivamente afirmó en 1986, en una entrevista a Ricardo A. Setti: “[…] es un genio, un hombre absolutamente fascinante, no hay nada que hacer…”[ii]. Pero ya desde finales de esa década, y para siempre, tendrá solamente expresiones negativas: en 1993 lo describe “con su ridículo disfraz de guerrillero, sus barbas matusalénicas y su silueta de Hombre de Crogmanon”[iii]; en 1994, afirma que “es el único superviviente de la dinastía de sátrapas omnipotentes que encamaron un Somoza, un Trujillo, un Batista o un Stroessner”[iv]; en 1999, “un pequeño sátrapa con las manos manchadas de sangre”[v]; en el 2000, “uno de los más sanguinarios y repugnantes dictadores que haya producido la fauna autoritaria latinoamericana”[vi]; en el 2014, “momia viviente y símbolo animado de la dictadura más longeva de la historia de América Latina”[vii]… el etcétera es abultado).

    Si bien Fidel ha estado presente en sus pensamientos todos estos años, solo se reunió con él una vez, en 1967, en la que Fidel compartió con un pequeño grupo de intelectuales, entre ellos Mario Vargas Llosa, quien todavía estaba comprometido con el apoyo a la Revolución Cubana. Esta reunión duró toda la noche hasta pasado el amanecer, y el mismo Mario resalta que no fue una interlocución sino una exposición continua de Fidel con pequeños espacios para comentarios y preguntas de los asistentes (Mario lo llamó “extraño, fascinante monólogo”). La descripción que hace de Fidel es la de muchos otros personajes que conocieron al revolucionario cubano: carismático, verborreico, persuasivo, incansable (“Estábamos soñolientos, exhaustos, y él parecía ofensivamente fresco”). La impresión del personaje fue tal que escribió una crónica[viii] (redactada en Londres, en febrero de 1967), pero ya el germen de las discrepancias con el régimen cubano estaba sembrado y seguiría creciendo hasta explotar en abril de 1971, a raíz del caso Padilla[ix].

     

    1. El manifiesto que Alberto Fujimori firmó en apoyo a Vargas Llosa

    En 1974 Mario Vargas Llosa rompió sus buenos vínculos con el régimen de Juan Velasco Alvarado (1968-1975). Esto a raíz de la confiscación de los medios de comunicación, medida que Mario enfrentó tenazmente. Al manifestarse en contra, recibió el ataque de varios de los escribanos de los medios de comunicación expropiados; pero, a la vez, se publicó en la revista Caretas un manifiesto de apoyo firmado por distintos intelectuales y personajes públicos. Uno de ellos, tal vez el menos conocido, era Alberto Fujimori.

    No tenemos noticia de que antes de la campaña de 1990 se hayan conocido, ni cuando Fujimori firmó dicho manifiesto en apoyo a Vargas Llosa ni once años antes, cuando vivieron en la misma ciudad —París— entre 1964 y 1965. Solo tenemos noticia de un peruano que trató con ambos en la misma época: el antropólogo Humberto Rodríguez Pastor, abuelo del suscrito.

     

    1. El libro que presentó Belaunde

    En octubre de 1981 Mario publicó una de sus cumbres literarias: La guerra del fin del mundo. La que es para muchos su mejor novela fue presentada por todo lo alto en el Salón Principal del Hotel Bolívar, ubicado en el centro histórico de Lima, con los comentarios de su exmaestro Luis Alberto Sánchez y un presentador sui generis: el presidente Fernando Belaunde Terry. De hecho, los vínculos con Belaunde se habían renovado en su segundo gobierno (1980-1985), ya que en el primero (1963-1968) Mario fue un crítico de su gobierno que apoyaba las guerrillas encabezadas por amigos y conocidos suyos: Guillermo Lobatón, Luis de la Puente Uceda, Héctor Béjar, quienes fueron (salvo Béjar, que actualmente tiene 83 años) asesinados durante el gobierno de Belaunde en situaciones poco esclarecidas. (Es recordada la “Toma de posición” firmada en París, el 22 de julio de 1965, por Vargas Llosa y otros siete intelectuales en el que critican firmemente el gobierno de Belaunde y afirman que “no queda otro camino que la lucha armada”).

    Volviendo a la presentación en el Bolívar, Carlos Eduardo Zavaleta, exmaestro de Vargas Llosa, la rememora en su Autobiografía fugaz: “Pero ningún espectáculo más frívolo y menos artístico que la impresionante y costosa presentación, por la editorial Seix Barral, en el Hotel Bolívar, de Lima, de La guerra del fin del mundo. Los oradores no fueron escritores o críticos de talla, sino protagonistas de un éxito social y político. Sin duda, los anfitriones pensaron más en la legión de damas burguesas que en el público culto. Pues bien, hablaron el presidente Belaunde, retórico y vacío, y el alicaído crítico, senador y líder aprista Luis Alberto Sánchez, cuya caricatura ha pintado el propio autor de El pez en el agua. Vargas Llosa, absolutamente feliz, rodeado de políticos jubilados, quizá urdía ya, en 1980, proyectos para una elección presidencial. Y nosotros, sus amigos, que nos negábamos a ver lo que veíamos”[x].

    Al margen de esta impresión, treinta años después, el 30 de marzo del 2011, Zavaleta dio un afectuoso discurso en honor a Vargas Llosa en el Aula Magna de la Casona de San Marcos, con motivo de la entrega de la medalla de honor sanmarquina en el grado de Gran Cruz. Fue la última vez que se vieron, ya que Zavaleta falleció un mes después. (El video de la ceremonia se puede apreciar haciendo click aquí[xi]).

     

    1. Los cargos políticos que no aceptó

    Es precisamente durante el segundo gobierno de Fernando Belaunde Terry (1980-1985) que Mario comenzó a ser tentado por la “política profesional”: el presidente le ofreció cuanto cargo pudo, desde embajador en Washington o en Londres hasta Primer Ministro. (Álvaro Vargas Llosa relata que la propuesta del premierato fue de Belaunde y la realizó en la etapa final de su gobierno[xii]. Carlos Zuzunaga maneja otra versión: la idea de asumir el cargo de Primer Ministro fue del propio Vargas Llosa, en reuniones que tuvieron como intermediario a Miguel Cruchaga Belaunde, sobrino del presidente y amigo cercano del escritor, que sería además su candidato a la primera vicepresidencia en 1990[xiii]). Todas las conversaciones fracasaron. Finalmente, la “única” responsabilidad que aceptó durante aquel quinquenio fue presidir la comisión investigadora del caso Uchuraccay, lo que le trajo una avalancha de críticas y que sería motivo de advertencia por parte de Patricia para disuadirlo de postular a las elecciones de 1990[xiv].

     

    1. El encuentro con Mayta

    En 1984 Mario publicó una de sus novelas más polémicas: Historia de Mayta. En ella cuenta la historia de un militante trotskista, cuyo perfil linda con lo caricaturesco, pues deposita en él todas las marginalidades posibles. Este personaje está inspirado en un hecho real, ocurrido en Jauja, en mayo de 1962. El detonante fue la lectura de una pequeña noticia en el diario Le Monde, días después de ocurrido el hecho. Reafirmó su voluntad de contar esa historia cuando a mediados de los años sesenta pasó por París Ricardo Letts y le contó con todo lujo de detalles dicha rebelión. La novela se consumó recién dieciocho años después. Poco antes de ponerle el punto final a la novela, ocurrió un hecho surreal: conoció al personaje que inspira la novela. Mario lo cuenta en Conversación en Princeton:

    “Nadie sabía qué había pasado con Mayta: había desaparecido. Así que yo trabajé la novela con la idea de que el protagonista de mi historia no había muerto, o por lo menos se había ido al extranjero sin dejar rastros. Cuando tenía la novela prácticamente terminada me enteré que Mayta no sólo estaba vivo, sino que estaba en Lima: hacía diez años que estaba recluido en el penal de Lurigancho, que en ese momento era la cárcel más importante de Lima.

    Hice gestiones, conseguí un permiso para entrar a Lurigancho y allí me dicen que Mayta acababa de salir porque había terminado de purgar su condena de diez años. Me entrevisté con el alcaide, que me puso en contacto con un reo que era el mejor amigo de Mayta y que tenía un puestecito de gruta dentro de la cárcel. Hablé con ese preso, que se mostró muy desconfiado. Le conté que estaba escribiendo un libro sobre su amigo y que tenía un enorme interés en escuchar su propio testimonio. Finalmente lo convencí. Me dijo: ‘Sí. Le voy a decir dónde puede encontrarlo. Está trabajando en una heladería. Le han dado un puestecito vendiendo helados en Miraflores’, que era el barrio donde yo vivía.

    De la cárcel corrí directo a esa heladería. Al entrar, vi a un hombre y supe que era él. Nunca en mi vida he visto una cara de estupefacción como la de ese señor cuando me le acerqué y le dije: ‘Mira, soy Mario Vargas Llosa. Hace dos años que no hago más que pensar en ti, imaginarte, investigar tu vida’. Abrió los ojos, mirándome como si estuviera loco, porque se veía que no creía nada de lo que le decía. Seguí explicándole. Le dije: ‘Mira, estoy escribiendo una novela basada en tu historia, en algo que yo creo que es tu historia, porque los informes que he podido encontrar son tan contradictorios que ya no sé cuál es tu historia. Y por eso me gustaría mucho que pudiéramos conversar’.

    Al principio se mostró muy desconfiado. Era un hombre enfermo, vencido, derrotado por la vida. Entonces me dijo lo siguiente, que cuento en el último capítulo del libro: ‘Bueno —me dijo—, te voy a dar una noche y ya. Nada más. Y después no nos volveremos a ver. Nunca más. En esta noche te voy a contar todo lo que recuerdo’.

    Lo invité a mi casa y nos quedamos hablando hasta el amanecer. Fue una conversación impresionante, que duró unas ocho horas, y de la que doy una versión literaria en el libro. Él me escribió el último capítulo. Yo pensaba concluir de una manera muy distinta, pero su brusca aparición me hizo cambiar completamente la novela. ¿Qué descubrí en esa conversación? Algo inusitado: que yo sabía más de la historia de Jauja que él. Para él, Jauja fue un episodio entre muchos —y no el más importante— de una vida larga y complicada”.

     

    1. Fan de Cecilia Barraza

    En más de una ocasión Vargas Llosa ha manifestado su admiración por la intérprete peruana Cecilia Barraza, la que ha sido atribuida también a dos protagonistas de sus novelas: a Ricardo Somocurcio, de Travesuras de la niña mala (2006)[xv], y a Felícito Yanaqué, de El héroe discreto (2013), novela donde la menciona trece veces. Si bien se conocían desde 1981, a propósito del programa La Torre de Babel, esta admiración fue recompensada en el 2006, cuando cumplió 70 años y en la celebración —realizada en la Huaca Pucllana— la artista le cantó tres temas: Todos vuelven, Cardo o ceniza y un tondero; también en la ceremonia final de la I Bienal Vargas Llosa, realizada en el Gran Teatro Nacional el 27 de marzo del 2014, en la que cantó Cardó o ceniza, El membrillito y el yaraví Silvia. Cecilia apeló en ambas presentaciones a espacios que recuerdan la niñez y juventud de Mario: Piura (tondero) y Arequipa (yaraví). Se sabe, además, que el próximo (y último) álbum de Cecilia Barraza —titulado Cecilia Barraza canta a Andrés Soto—estará acompañado por un texto del arequipeño, escrito antes de ganar el Premio Nobel.

     

     

    [i] “El reposo imposible”. Entrevista realizada a Mario Vargas Llosa por Alfredo Barnechea, revista Caretas N° 518, Lima, 5 de mayo de 1977.

    [ii] Ricardo A. Setti, Sobre la vida y la política: Diálogo con Vargas Llosa, Buenos Aires, Editorial Intermundo, 1989, p. 146.

    [iii] Mario Vargas Llosa, “Desbarajuste con samba”, El País, domingo 25 de julio de 1993. Columna disponible en: https://elpais.com/diario/1993/07/25/opinion/743551211_850215.html

    [iv] Mario Vargas Llosa, “Italia no es Bolivia”, El País, domingo 6 de noviembre de 1994. Columna disponible en: http://elpais.com/diario/1994/11/06/opinion/784076409_850215.html

    [v] Mario Vargas Llosa, “El caso Pinochet”, El País, domingo 18 de octubre de 1999. Columna disponible en: http://elpais.com/diario/1999/10/18/opinion/940197605_850215.html

    [vi] Mario Vargas Llosa, “Vida y miserias de Elián”, El País, domingo 30 de abril del 2000. Columna disponible en: https://elpais.com/diario/2000/04/30/opinion/957045606_850215.html

    [vii] Mario Vargas Llosa, “La libertad en las calles”, El País, domingo 9 de marzo del 2014. Columna disponible en: https://elpais.com/elpais/2014/03/06/opinion/1394116119_987776.html

    [viii] Mario Vargas Llosa, “Crónica de Cuba (II). De sol a sol con Fidel Castro”, recogido en Sables y utopías. Visiones de América Latina, selección y prólogo de Carlos Granés, Lima, Aguilar, 2009, pp. 107-115. De aquella reunión sentenció: “Si de una cosa quedé absolutamente convencido en esa noche blanca, fue del amor de Fidel por su país y de la sinceridad de su convicción de estar actuando en beneficio de su pueblo” (p. 112); esto no le impidió esbozar críticas respecto a la libertad de prensa, el partido único y otros factores de la Revolución.

    [ix] Ha rememorado en otras ocasiones dicho encuentro: en 1971 (el texto fue recogido en su libro Diccionario del amante de América Latina, Barcelona, Paidós, 2006, pp. 103-104); en 1986, en la citada entrevista realizada por Setti (pp. 144-145); y al año siguiente, en “El gigante y la historia”, escrito el 23 de julio de 1987 y reproducido en Contra viento y marea III, Lima, Peisa, 376-380.

    [x] Carlos Eduardo Zavaleta, Autobiografía fugaz, Lima, Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2000, p. 59.

    [xi] https://hablasonialuz.wordpress.com/2011/04/04/lo-que-el-ha-cumplido-es-toda-una-hazana-carlos-eduardo-zavaleta-en-el-homenaje-de-san-marcos-a-vargas-llosa/

    [xii] Álvaro Vargas Llosa, El diablo en campaña, Madrid, El País/Aguilar, 1991, p. 13: “Este pedazo de historia puede empezar, para algunos, con la invitación que en las postrimerías de su Gobierno le hizo el presidente Belaunde a mi padre para que asumiera el cargo de primer ministro”.

    [xiii] Carlos Zuzunaga Flórez, Vargas Llosa: El arte de perder una elección, Lima, Peisa, 1992, p. 19. La versión de Cruchaga fue recogida en entrevista personal realizada Zuzunaga en Lima, el 12 de junio de 1991.

    [xiv] Mario Vargas Llosa, El pez en el agua, Barcelona, Seix Barral, 1993, p. 42. Según Mario, Patricia le dijo: “¿Vas a dejar tus libros, la vida cómoda que ahora tienes, para hacer política en el Perú? ¿No sabes cómo te lo van a pagar? ¿Te has olvidado de Uchuraccay?”.

    [xv] Mario Vargas Llosa, Travesuras de la niña mala, Lima, Alfaguara, 2006: “El tío Ataúlfo advirtió mi nerviosismo, a pesar de que yo exageraba los esfuerzos por parecer normal, y acaso justamente por eso. Se limitó a preguntarme dos o tres veces si no me sentía bien, porque apenas probaba bocado y porque no acepté una invitación a salir a comer y a una peña criolla a escuchar a mi cantante preferida, Cecilia Barraza, que me hizo el amable Alberto Lamiel” (p. 325).

     

     

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