Diez cosas que debes saber sobre «La ciudad y los perros»

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    El autor del libro Mario Vargas Llosa para jóvenes, Luis Rodríguez Pastor, desarrolla algunos datos poco conocidos sobre La ciudad y los perros, a propósito de los 50 años de su publicación que se conmemora en la Casa de la Literatura Peruana con un congreso internacional y una exposición.

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    Por Luis Rodríguez Pastor

    1. Este no es el primer libro largo que escribió Vargas Llosa. En una reciente entrega del escritor Guillermo Niño de Guzmán1 —en la que destapó algo que estaba “entreabierto” dada la cantidad de indicios sueltos en artículos y memorias—, se cuenta de la primera aventura literaria de larga extensión de Mario Vargas Llosa. No se trata, como siempre se ha creído, de su primera novela, La ciudad y los perros, sino de un libro que escribió por encargo, como “escritor fantasma” —citando sus palabras— para la acaudalada señora peruana Catalina Podestá. El libro —en el que se narran las aventuras de la pintoresca señoraen sus viajes por África—llevaría por título Pieles negras y blancas, y fue publicado en 1960. Julia Urquidi cuenta en sus memorias acerca de su relación con Vargas Llosa lo siguiente: “Más o menos por esos díasllegó al hotel una dama peruana. Acababa de hacer un viaje por el Oriente, y quería escribir un libro sobre sus experiencias. Habló con Varguitas. Quedaron en que ella le iría contando sus viajes y él escribiría el libro por una suma de dinero que consideramos suficiente, para los gastos extras de la semana. Le pagaría los días viernes, de acuerdo a las páginas escritas. Todas las mañanas iba mi marido a la habitación de la viajera, para hacer el trabajo. Frecuentemente entraba yo a la pieza a escuchar sus relatos, estos eran bastante infantiles. Mario se divirtió con este trabajito. Ella era una señora muy puritana, él escribía capítulos donde había príncipes árabes, que se introducían en su habitación por los balcones, con malvadas intenciones violatorias, lo que espantaba a esta ingenua dama”.Algunos lectores habrán descubierto el gran parecido de esta historia con una de sus obras de teatro, algo que no es casual: esta experiencia inspiraría a Vargas Llosa para escribir su segunda obra, Kathie y el hipopótamo (1983).

     

    PostLuchoMVLL22. Los tres nombres de la novela. Antes que la editorial Seix Barral lance en octubre de 1963 La ciudad y los perros, la primera novela de Vargas Llosa había tenido ya dos nombres. El nombre que para el joven escritor peruano surgía espontáneamente era Los jefes, pero por obvias razones su primera novela no podría llamarse del mismo modo que su primer libro de cuentos, publicado en 1959. Es así que llama a su novela Los impostores, en alusión al epígrafe de la primera parte, extraído de una obra de Jean Paul Sartre, Kean (1954)2. Para Víctor García de la Concha, expresidente de la Real Academia Española, este título “podría haber inducido una interpretación de la novela como denuncia de la impostura de aquellos militares, que antes el peligro de que la muerte de un cadete en sospechosas circunstancias durante un ejercicio militar, e ignorando una denuncia formal, prefieren echar tierra y adaptar las leyes a las cosas y no al revés como debiera ser”3. Según José Miguel Oviedo, este título fue descartado “porque podía hacer pensar en una narración de corte policial o de misterio”4. Posteriormente, la llamaría La morada del héroe, en referencia al Colegio Militar y su “héroe”, Leoncio Prado; con ese nombre la novela ganaría el Premio Biblioteca Breve. Ninguno de los dos títulos lo convencía. Cuenta José Miguel Oviedo en su libro Dossier Vargas Llosa(2007) que éste le comentó que no se sentía del todo contento con el nombre de su novela, a lo que Oviedo le pidió unos días para pensar en un título más apropiado. El crítico literario recuerda que le dio tres alternativas para titular la novela: una que no recuerda, la otra era La ciudad y la niebla y la tercera La ciudad y los perros. Es al escuchar esta última que Vargas Llosa exclamó“¡Ése es!”5.

     

    3. Ninguna editorial aceptaba la novela. Vargas Llosa terminó de escribir La ciudad y los perros en una buhardilla de París, en 1961, después de tres intensos años de escritura y reescritura, que comenzaron en el otoño de 1958 en Madrid, “en una tasca de Menéndez Pelayo llamada El Jute”6. El problema es que una vez terminada, ninguna de las editoriales a las que presentó su novela la aceptó. (Cabe destacar que aun con el rechazo a aquella entrega comenzó a escribir su segundanovela, La casa verde). Su amigo Claude Couffon será el que le recomendará mandarla a la todavía pequeña editorial Seix Barral, dirigida por el audaz Carlos Barral. Cuenta Vargas Llosa que su vida cambió cuando recibió el telegrama de Barral anunciándole que viajaría a París —donde residía el peruano— para reunirse con él ya que le interesaba publicar su novela. Barral sería, además, el principal promotor de la novela y el gran responsable de que esta se publique, gane un premio y se traduzca de inmediato a varios idiomas. Fue el salto a la fama del escritor que en ese entonces solo tenía 26 años.

     

    PostLuchoMVLL34. El salto a la fama. Vargas Llosa había publicado solo un libro, la colección de cuentos Los jefes, que si bien había ganado un premio en Barcelona, no significó una gran repercusión en el aún pequeño mundo literario peruano. Era conocido por muchos escritores e intelectuales por su intensa actividad durante sus años universitarios, pero todavía poco conocido entre los lectores. Del mismo modo, en París ya conocía y era amigo de muchos escritores hispanoamericanos, pero por un programa radial en el que tenía la oportunidad de entrevistarlos. Es con La ciudad y los perros que pasaría a ser un escritor ampliamente conocido en el Perú y todo el mundo hispano desde el lanzamiento mismo de la novela. En el Perú, las circunstancias bélicas con que se recibió la novela ayudaron mucho a que sea conocido, comentado, discutido y sobre todo leído.

     

    5. La quema de los mil libros. Los militares de esa época nunca fueron conscientes del tremendo trabajo de marketing que le hicieron a la novela de Vargas Llosa. El problema con ellos no surgió con la primera edición de la novela, o sea la publicada por Seix Barral en 1963, sino con la edición peruana, lanzada por Populibros al año siguiente, en 1964. Su lanzamiento en el Perú significó un escándalo de líos monumentales con los militares, que reconocieron en la novela un sinfín de injurias a su sagrada institución. Vargas Llosa respondió ante estas afrentas de manera deportiva, celebrando que los militares peruanos tuvieran el acierto de leer novelas, algo que no se esperaba de ellos. La furia desatada conllevó a un hecho que ahora es mitológico debido a las múltiples versiones del mismo: la famosa quema de mil ejemplares de la edición peruana de La ciudad y los perros en el patio del Colegio Militar Leoncio Prado. Sea verdad o mentira, ese fue un escándalo del tamaño de una catedral. Por supuesto, el tiro le salió por la culata a los militares y lejos de censurar la novela hicieron que toda la atención esté puesta en ella, algo hábilmente explotado por el editor de Populibros, el escritor Manuel Scorza.

     

    6. “Usted no conoce la novela que ha escrito”. Poco después de la publicación de la novela en español, se promovió en paralelo su traducción a una docena de idiomas. Cuando la novela se tradujo al francés, Vargas Llosa se reunió con Roger Callois, el editor de la colección de literatura de lengua española de la conocida editorial francesa Gallimard. Vargas Llosa ha contado en más de una ocasión lo que ocurrió en aquella reunión: Callois le dijo muy entusiasmado al escritor peruano que una de las cosas que más le gustaron de la novela es que el personaje de El Jaguar se atribuyera un crimen que no cometió para mantener la autoridad entre los cadetes. Vargas Llosa le respondió que no era así ya que El Jaguar realmente sí había cometido aquel crimen. Callois refutó enfático, afirmándole: “Usted se equivoca. Usted no entiende la novela que ha escrito. Una de las cosas más interesantes y originales de esa novela es esa transición psicológica tan interesante del personaje, que según todas las descripciones de su conducta a lo largo de la historia era incapaz de cometer ese crimen, pero se lo atribuye, porque para él haber perdido la autoridad que tenía, el liderazgo que tenía sobre sus compañeros era una tragedia infinitamente peor que la de ser considerado un criminal”7. Gracias a aquella persuasiva charla, Vargas Llosa está convencido que, efectivamente, El Jaguar mató al Esclavo.

     

    PostLuchoMVLL57. Una novela sin dedicatoria.Vargas Llosa ha publicado tantos libros que ha tenido la oportunidad de poder dedicarle a muchos amigos y familiares alguno de sus trabajos. (Incluso llegaría a dedicarle a una persona muy querida e importante para él —Luis Llosa Ureta, su tío materno y suegro— dos trabajos distintos: Bases para una interpretación de Ruben Darío, su tesis de bachiller, de 1958, publicada por la UNMSM como libro en 2001; y El hablador, novela publicada por Seix Barral en 1987). Cosa curiosa, es su primera novela uno de los pocos libros que no tienen dedicatoria; y de sus célebres novelas, la única. Sus otras entregas narrativas sin dedicatoria son Los jefes (1959) e Historia de Mayta (1984).

     

    8. Los recursos. Para escribir una novela de esas magnitudes sin duda tuvo que tener detrás suyo una serie de vivencias e inspiraciones, de influencias y ejemplos. Al respecto, cuenta Vargas Llosa en el prólogo a la novela que escribió en 1997: “Para inventar su historia, debí primero ser, de niño, algo de Alberto y del Jaguar, del serrano Cava y del Esclavo, cadete del Colegio Militar Leoncio Prado, miraflorino del Barrio Alegre y vecino de La Perla, en el Callao; y, de adolescente, haber leído muchos libros de aventuras, creído en la tesis de Sartre sobre la literatura comprometida, devorado las novelas de Malraux y admirado sin límites a los novelistas norteamericanos de la generación perdida, a todos, pero, más que a todos, a Faulkner. Con esas cosas está amasado el barro de mi primera novela, más algo de fantasía, ilusiones juveniles y disciplina flaubertiana”8.

     

    9. Sortear la censura. Para cuando se publicó La ciudad y los perros todavía faltaba mucho para que caiga la dictadura de Francisco Franco. Parte de ella era la censura que ejercía sobre las publicaciones de la época, y la novela de Vargas Llosa no fue la excepción. Se ha reconocido la habilidad de Carlos Barral para sortear la censura de la novela, que no debe haber caído bien al régimen debido a su dureza y al papel que juegan en ella militares y religiosos. En parte, la búsqueda porque la novela sea premiada y prologada por un crítico respetado —José María Valverde— respondían a una estrategia astutamente ideada. De todas maneras, esto no la exoneró de la censura, que sorprendentemente solo alteró unas pocas frases y palabras, en total menos de diez. (A partir de la segunda edición todo volvería tal como el autor lo concibió, sin que nadie se diera cuenta de ello). Vargas Llosa cuenta en la conferencia de prensa por los cincuenta años de La ciudad y los perros lo que significó una de las negociaciones ante el censor: “Otra de las frases incriminadas era que al capellán del colegio, un curita rubio y jovial, se lo había visto merodeando los burdeles del Callao. Y yo recuerdo que el señor Robles Piquer [el censor], con sentido del humor, me dijo: ‘Bueno, yo sé que hay pastores que hacen esas cosas; pero, en su novela, el único pastor va a prostíbulos… entonces, si hubiera varios pastores, unos buenos y otros malos, ya no sería tan grave’. Entonces yo propuse cambiar burdeles por prostíbulos, y me aceptó, me dijo ‘Ya, bueno, prostíbulos es más suavecito, hay gente que no va a entender…’”9.

     

    10. “¿Quiere que le regale una fotografía mía calato?”. Al margen de haber leído o no la novela, al mencionarla todos recuerdan una frasecélebre: “¡No me mire, cadete! ¿Quiere que le regale una fotografía mía calato?”. Si se da el trabajo de buscarla en la novela, perderá su tiempo pues nunca la encontrará. Esta fue creada mientras se grababa la adaptación cinematográfica que realizó Francisco Lombardi, estrenada en 1985. Cuenta al respecto Gustavo Bueno: “Ramón García, el actor, quien había sido alumno del Leoncio Prado, nos contó que uno de sus profesores usaba una frase parecida. La corregimos y salió el ‘Qué me mira, cadete’. La frase va con la idiosincrasia de los peruanos: autoritaria, machista, humillante”10. Resulta pues que la frase más recordada de La ciudad y los perros no fue escrita por Vargas Llosa.

     

    NOTAS:
    1. Guillermo Niño de Guzmán, “La señorita Cata y el escribidor”, El País, 16 de noviembre de 2013. Puede acceder al artículo haciendo clic en el siguiente enlace.
    2. Según la traducción hecha por Miguel Ángel Asturias y María Martínez Sierra, publicada por la editorial Losada, el epígrafe reza así: “Se hacen papeles de héroe porque es uno cobarde, y papeles de santo porque es un malvado; se hace de asesino porque se muere uno de ganas de matar al prójimo, se representa porque es uno embustero de nacimiento […] (Jean Paul Sartre, Teatro 3, Kean/Nekrasov, Editorial Losada, segunda edición, 1962, p. 193). En la Internet se puede hallar una traducción más fiel y más fluida: “Jugamos a ser héroes porque somos cobardes y a ser santos porque somos malvados; jugamos a ser asesinos porque nos morimos de ganas por matar al prójimo, jugamos porque somos mentirosos de nacimiento”.
    3. Víctor García de la Concha, “Una novela en círculo”, en: Edición conmemorativa de La ciudad y los perros. P. LXV
    4. José Miguel Oviedo, “La ciudad y los perros: 40 años después”, en: Dossier Vargas Llosa, Taurus, 2007, p. 66.
    5. José Miguel Oviedo, op. cit., p. 67.
    6. Mario Vargas Llosa, “Prólogo”, en: Edición conmemorativa de La ciudad y los perros, p. 3.
    7. Esta cita procede de la conferencia que dio Vargas Llosa en el Centro Cultura Inca Garcilaso de la Vega, el 3 de abril de 2012, en la que contó la anécdota.
    8. Mario Vargas Llosa, “Prólogo”, en: Edición conmemorativa de La ciudad y los perros, p. 3.
    9. Puede acceder a dicho testimonio en el siguiente enlace.
    10. Gustavo Bueno, “Los peruanos son los mejores actores de Latinoamérica”. Entrevista realizada por Gonzalo Pajares, publicada en Perú.21 el lunes 14 de mayo de 2012. Puede acceder a la entrevista haciendo clic en el siguiente enlace: http://peru21.pe/2012/05/14/impresa/peruanos-son-mejores-actores-latinoamerica-2024176

     

     

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