Diez años sin la escritora Pilar Dughi

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    Pilar Dughi estudió psiquiatría en la Universidad de San Marcos y luego se doctoró allí en Literatura. (Foto: Caretas)
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    Se cumplen 10 años de la muerte de Pilar Dughi, narradora peruana cuya repentina desaparición nos privó de seguir leyendo sus historias pobladas de personajes angustiados y ligados de distintos modos a una realidad de la que difícilmente pueden  desprenderse.

     

    Por Miguel Ángel Hernández*

    En comparación con los escritores, en un país como el nuestro, las escritoras pasan desapercibidas o son poco enfocadas en cuanto a sus obras. Ejemplo de ello es Pilar Dughi Martínez (Lima, 1956-2006), la médico siquiatra que incursionó con éxito en la literatura peruana y que falleciera un lunes 6 de marzo del 2006, en plena madurez literaria. Tal como se lo habían pronosticado, el temible mal del cáncer se la llevó como quizá pudo ocurrirle a uno de sus personajes. Su obra es una prueba del talento de una escritora que supo inscribirse en su tiempo, construyendo un mundo poblado de personajes angustiados y ligados de distintos modos a una realidad de la que difícilmente pueden  desprenderse. La fecha probablemente pasará desapercibida.

    Gran amiga de poetas y narradores como Marco Martos, Carmen Ollé, Doris Moromisato, Mario Bellatin, Mariela Sala y Cronwel Jara, Dughi fue una escritora que comenzó a publicar en la década de los ochenta del siglo pasado.  Los que la conocieron personalmente –como los mencionados– coinciden en que Dughi fue una gran autora y persona que murió antes de tiempo; una mujer muy fraterna, inteligente y aguda, que sabía dejar de ser psiquiatra para ser mejor amiga. Además de muy buena lectora de obras literarias, y muy seria y concentrada  en su trabajo narrativo. Y si la muerte no le hubiese llegado a la edad que le tocó bien podría haber dado nuevos y excelentes frutos literarios.

    Cabe mencionar que también han pasado 26 años de la publicación de su primer y sorprendente libro de cuentos La premeditación y el azar y casi nada se ha escrito sobre el trabajo de esta narradora, quien hizo los méritos suficientes para ganarse un lugar en el ambiente literario peruano. Si uno juzga por lo publicado –afirmó una vez el académico y crítico literario Ricardo González Vigil, quien la incluyera en El cuento peruano 1980-1989 (Ediciones Copé)–  ella junto con Laura Riesco son las mejoras narradores peruanas de las últimas décadas del siglo XX.

    Foto: Casa de la Literatura Peruana.
    Foto: Casa de la Literatura Peruana.

    La horda primitiva (Peisa, 2008), es otra de sus obras donde hay 13 relatos seleccionados por la misma Dughi poco antes de morir. Son textos de fácil lectura y donde se puede apreciar lo bien que están construidos los diálogos entre personajes de clase media, quienes parece que anduvieran en busca de sus mundos interiores para alcanzar una tranquilidad que a unos les ha sido esquiva y a otras les ha sido arrebatada por la misma realidad familiar y social que les rodea y de la cual dependen. Pero es la irrupción de lo insólito, en la cotidianidad de la vida diaria, que hace que las historias personales alcancen su punto máximo, en estos cuentos, donde también campea el dolor y la enfermedad, lo que se deja ver en “A mí no m importa” y “¿Alguna novedad?”.

    Hay que dejar claro que la narrativa breve elaborada por escritoras peruanas tuvo un despegue sin igual en la última década del siglo XX.  Y fue Dughi una de las pocas que asimiló muy bien las lecciones de escritores consagrados como Julio Cortázar y Carlos Fuentes, y es seguro que aprendió la técnica de la construcción de la intriga con la lectura de los clásicos rusos del siglo XIX. Cabe indicar también que con la obra de Dughi se constata hasta qué punto se evidencian los cambios sufridos por las mujeres en su vida cotidiana. Y a diferencia de otras escritoras peruanas de los ochenta como Mariela Sala y Giovanna Pollarolo, quienes orientan su producción literaria hacia el ahondamiento del rico mundo femenino, Dughi ofrece un registro más amplio, ensayando en diversas líneas de interés narrativo.

    En el libro Narradores peruanos de los ochenta. Mito, violencia y desencanto (Fondo Editorial de la Universidad Ricardo Palma, 2012) cuyo prologuista y antologador fue el escritor y también crítico literario Roberto Reyes Tarazona, Dughi aparece –junto a otros 17 textos de igual número de cuentistas–, con el relato titulado “Christi nomine invocato”. A través de este –escribe Reyes Tarazona- Dughi demuestra su precoz dominio del oficio con el diestro manejo de dos planos temporales lejanos, articulados en torno a la suerte de un personaje femenino que sufre los prejuicios sociales contra las mujeres distintas, “otras”.

    Asimismo, en el prólogo de dicho libro se advierte que “Pilar Dughi no solo escribe cuentos en los que reivindica la condición femenina a partir de un eficaz diseño narrativo y un profundo buceo en el alma femenina, sino que se inquieta por encontrar otras entradas y vertientes narrativas. Así, no le faltan cuentos dentro de la línea que podría denominarse social y los que podrían inscribirse en el género policial”.

    Psiquiatra graduada de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Dughi realizó su maestría en Literatura Peruana e Hispanoamericana y cursó el doctorado en Literatura en dicha casa de estudios. Además, hizo estudios de posgrado en La Sorbona de París. En 1988 apareció Puñales escondidos obra con la que ganó el Premio Nacional de Novela Corta del Banco Central de Reserva del Perú. En 1989 publicó su primer libro de relatos La premeditación y el azar y ese mismo año obtuvo una distinción en el concurso de cuento de las 1000 palabras de la revista Caretas. En 1995 ganó el Premio Nacional del III Concurso de Cuentos de la Asociación Peruano Japonesa con su segundo libro Ave de la noche. En 1996 con su cuento “Desiderio” obtuvo el premio Copé de Bronce en la IX Bienal de Cuento de Petroperú y ese mismo año quedó finalista en el premio Juan Rulfo que convoca Radio Francia Internacional.

    Por los 10 años de su muerte lo que hizo la Casa de la Literatura Peruana, en febrero último, fue rendirle un significativo homenaje dentro de las jornadas del VI Congreso Nacional de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción, pero mientras leamos su obra será como homenajearla de manera permanente y así ella seguirá viva en sus lectores, acompañada por sus personajes complejos de clase media. Reunir lo que escribió y estudiarlo es aún una tarea pendiente. Material existe y calidad literaria también. Por fortuna la obra sobrevive a esta talentosa escritora. Ella, por supuesto, merece mayor atención.

     

     

     

    *Miguel Ángel Hernández Sandoval (Piura, 1976). Es egresado de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Piura, donde ganó los juegos florales –mención poesía– en los años 1997 y 2000. También animó, en dicha casa de estudios, talleres de creación literaria. Es poeta, narrador y periodista cultural. Ha publicado poemas y relatos en revistas literarias y los cuentos “Cambio de formato” en el libro Primera Selección Regional de Cuentos – Piura (Pluma Libre), e “Inyección” en el libro Bitácora Púrpura (Altazor). En el año 2011, con su poemario Fe ciega obtuvo el primer premio en la III Bienal de Poesía, organizado por la Revista de Poesía Peruana Estación Compartida. En el 2015 publicó su poemario Tras la voraz canícula (Ángeles de Papel Editores). Con su poemario Viaje a las islas hormiga obtuvo una mención honrosa en el Concurso Nacional de Poesía 2015 de la Asociación Peruano Japonesa.

     

     

     

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