Cuando la realidad se parece a la ficción: Polvo en el viento, la historia de ‘Vaticano’

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Vargas Llosa dice que las novelas mienten, pero encierran una curiosa verdad que solo puede expresarse de forma disimulada y encubierta. La vida de Demetrio Limonier Chávez Peñaherrera, alias ‘Vaticano’, puede parecer digna de una ficción, sin embargo es real. El periodista Hugo Coya, autor del libro Polvo en el viento, narra la historia de este narcotraficante a partir de las conversaciones que tuvo con él y con las personas que tuvieron relación con quien fuera comparado alguna vez con el capo colombiano Pablo Escobar.


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«Cuando se está en la cárcel, lo único que señala una diferencia es cuán profunda puede ser la oscuridad de tu celda y cuán profunda tu propia oscuridad. Los colores se pierden, las sombras se apoderan de todo«. Con estas palabras el periodista Hugo Coya empieza a introducirnos en el mundo de ‘Vaticano’, quien luego de 18 años de estar en prisión decide contar su historia. Polvo en el viento -título inspirado en la canción del grupo Kansas- es el resultado de las conversaciones con este exnarco y otras 78 personas que de alguna forma tuvieron que ver con él. A continuación la conversación con el autor de este libro que pronto podría ser llevado a las pantallas como miniserie.

Tu libro se lee con la fluidez de una novela, ¿es mérito tuyo o de la historia de ‘Vaticano’?
Bueno, ‘Vaticano’ no ha redactado una sola línea del libro, tampoco ha señalado qué es lo que debe ir o no. Mi libro es un libro de no ficción. Utilizo algunas técnicas literarias para hacerlo más entendible y atractivo al lector, pero ninguno de los hechos que yo narro han sido inventados por mí, pues han sido verificados.

¿’Vaticano’ quería inicialmente que escribas su biografía?
Lo que él quería era contactar a un periodista y contarle su verdad. Había visto los comentarios de mi primer libro, Estación final, y se contactó conmigo a través de su abogado. Cuando tuvimos la primera reunión le aclaré que yo no quería escribir una biografía y todo lo que me iba a contar lo iba a verificar.

¿Qué aspecto de la vida de ‘Vaticano’ fue el que más te sorprendió?
A mí me sorprendió todo. Desde el solo hecho de tener la oportunidad de conocerlo, de sentarme con una persona que ha pasado 18 años preso, ya es un testimonio muy rico para cualquier periodista o literato. Más allá de todo eso, ‘Vaticano’ tiene otra dimensión, me mostró un mundo que yo desconocía, que es el mundo del narcotráfico en nuestro país. Mucho se ha especulado y hablado sobre el narcotráfico, pero no hay antecedentes -al menos en el Perú- de alguien que haya dicho «yo soy narcotraficante y operaba así». Eso definitivamente es una cosa que me llamó muchísimo la atención.

Si en Estación final te elogiaban por sus conmovedoras historias, con Polvo en el viento, más bien has recibido críticas porque creen que redimes de alguna forma a ‘Vaticano’.
Bueno, hay una dimensión humana que es inevitable no tomar en cuenta. ‘Vaticano’ es alguien que ha sufrido tortura, pero que ha sido sentenciado por un delito que ha sido comprobado. No puedo soslayar eso, sería inhumano de mi parte y como ser humano pienso y siento lo que escribo. 

Y luego de haber conversado con él durante casi un año, ¿has llegado a tenerle simpatía?
En lo posible trato de no mezclar mis sentimientos a la hora de narrar los hechos.

Pero desde la dimensión humana que acabas de mencionar…
Él es un narcotraficante, no es un bebé de teta. El señor está cumpliendo una condena por un delito grave que debemos condenar profundamente, que es el narcotráfico. Lo que estoy diciendo en el libro es que este señor no hubiera hecho las que cosas que hizo si no hubiera un sistema y un régimen, con cómplices en las más altas esferas del gobierno de la época, para que él pueda hacer eso. Eso es lo que debemos tener presente.

¿’Vaticano’ está arrepentido?
Sí y lo digo en el libro. Él me dice, «yo quiero contar esta historia simplemente porque quiero que no se repita, porque sé que hice mal». De alguna manera él está tratando de redimirse al contar su historia y ese es el mensaje que quiere dar a través de este libro.

A diferencia de Estación final ¿la investigación para este libro fue más ardua?
Para Estación final tuve cinco años de investigación y tuve que recoger las historias de amigos y familiares de los protagonistas, puestos estos habían fallecido. La diferencia con Polvo en el viento, es que en este caso los testigos están vivos, entonces es mucho más fácil. Además pude conseguir entrevistar constantemente a ‘Vaticano’ pese a los reparos que pusieron algunos funcionarios del Instituto Nacional Penitenciario (INPE).

¿Fue difícil convencer a Susan León para que converse sobre este tema? 
Sí, fue muy difícil. La estuve llamando e insistiendo, tratando de convencerla, y ella se negaba con toda razón, pues se trataba de hablar de eventos que le hicieron mucho daño. Para mí era importante conversar con ella para entender lo que pasó. Yo he tenido la oportunidad de saber qué pensaba Susan y qué pensaba ‘Vaticano’ cuando por ejemplo él le pidió matrimonio. Además, esta conversación con Susan me permitió reconstruir una época donde ella era un ícono.

Y de la cual fue una víctima involuntaria
A la hora que me contó su historia era difícil no conmoverse, no sentir esa sensación que debe haber sentido ella en el momento que fue usada, maltratada.

¿Si tuvieras que definir en una sola palabra la historia de ‘Vaticano’ cuál sería? 
Es difícil resumirla en una sola palabra. Creo
que este libro nos permite descubrir parte de un país que se encuentra olvidada por las autoridades como es el valle del Huallaga, y también debemos aprender para que no se repitan historias como la de ‘Vaticano’. Tarea pendiente, tal vez sería las palabras que podría resumir el libro. 


Hace falta más libros de investigación

Hugo Coya, nació en 1960, es el productor general de prensa de América Televisión y antes ha sido director de los diarios La Industria de Trujillo y El Peruano. Asegura que desde niño ya sabía que quería ser periodista y que empezó a ser sus pinitos en La Prensa, en la misma época que estaban allí un adolescente Jaime Bayly, Federico Salazar, entre otros. 

Después de dos libros de no ficción publicados ¿Has pensado en algún momento escribir una novela?
Nunca se descarta nada, pero creo que se necesitan más periodistas escribiendo libros en este país. Si nos ponemos en comparación con Colombia, México o España, donde decenas de investigaciones periodísticas son publicadas cada año, nosotros estamos huérfanos en ese rubro. 

Trabajas en televisión y has hecho prensa escrito, ¿qué te gusta más escribir o hacer televisión?
Sin duda lo que más me gusta es escribir. En televisión escribo también, aunque el medio limita el espacio para la escritura. Pero hace que desarrolles una perspectiva visual muy grande que te ayuda a la hora de escribir. Cuando yo escribo estoy pensando en imágenes, entonces se convierte en un complemento. 

¿Qué libros te gusta leer?
¡Uy! Soy omnívoro, leo todo tipo de literatura. Prueba de eso son mis citas al comienzo de cada capítulo de Polvo en el viento. Soy un recalcitrante fanático de José Saramago, y lo descubrí muchísimo antes de que ganara el Premio Nobel.

¿Cuáles son tus libros favoritos que te gustaría recomendar a nuestros lectores?
Un libro que recomiendo que lo descubrí recientemente es Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi. Me parece espectacular, me parece un descubrimiento muy grande. 

 El sueño del Celta, de Mario Vargas Llosa, aunque parezca lugar común, me gusta también porque habla de presos y de prisiones. Él me introdujo en  la celda de su protagonista y me ayudó a recrear el contexto de ‘Vaticano’.

De José Saramago, La balsa de piedra, que fue el primer libro que leí de él. Este libro me marcó especialmente, pues fue publicado en los días que se hablaba de los 500 años de la llegada de Colón, y mostraba el lado xenófobo de la península ibérica que yo comprobaría también.

Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, es quizás la novela más completa que yo haya leído en mi vida.

Hay un libro que no ha llegado acá, es del periodista brasileño Laurentino Gomes, se llama 1808. Es la historia del traslado de la corte portuguesa a Brasil luego de que huyen de Napoleón. Fue quizás la mayor inspiración en la forma de narrar que tuve para escribir Estación final.
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