Con Oswaldo Reynoso hace un año en Arequipa

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Foto: Jaime Cabrera
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Recordamos al gran escritor arequipeño Oswaldo Reynoso, quien el año pasado vino para participar en el Hay Festival y, además, nos llevó al barrio donde nació. El sábado 10 de diciembre, al mediodía, se le realizará un homenaje en la Sala Mariano Melgar, de la Universidad San Agustín.

 

Por Jaime Cabrera Junco, desde Arequipa

Decía en una anterior entrega que el hijo predilecto de estas tierras es Mario Vargas Llosa, sin embargo quien vivió de manera más intensa su condición de arequipeño fue Oswaldo Reynoso. Es cierto que el Nobel estuvo aquí hasta cuando tenía poco más de un año de edad, mientras que Reynoso pasó su adolescencia en Arequipa para luego prácticamente escapar de esta ciudad ‒era entonces la década de 1950‒ mucho más conservadora y que lo hacía sentir culpable, entre otras cosas, por su condición de homosexual.

Cuando llegué nuevamente al centro de Arequipa, avancé sobre la calle Mercaderes y recordé a Oswaldo, quien hace un año me citó en un restaurante llamado Manolo. Pedí un jugo de papaya arequipeña que él terminaría invitándome. Recordaba que allí no solo me citó a mí sino a otras personas, quienes lo escuchaban con la atención que se presta a los sabios. Estaba también Ruhuan Huarca, su último editor, con cuya editorial, Aletheya, publicó Arequipa lámpara incandescente, y con quien iba a editar su siguiente obra terminada llamada Capricho en azul, que iba a presentar a fines de mayo, pero días antes su muerte nos sorprendió y nos sigue pareciendo increíble. Hace un año paseaba su voluminosa figura por su ciudad, sus cabellos blancos como el hielo del volcán Misti. Se reencontraba con sus amigos, casi todos jóvenes. Aunque esto se puede prestar a interpretaciones maliciosas, siempre creí que Reynoso era el escritor más joven de su generación y que los años encima no habían disminuido su rebeldía y sus ganas de reclamar contra aquello que le desagradaba. Podía ser amable, pero si algo iba en contra de sus ideas se le venía la nevada.

Antes de viajar a Arequipa, en 2015, le había pedido que me lleve a recorrer algunos lugares significativos de su vida, allá en su tierra. Dijo que había nacido y crecido en el barrio de San Lázaro, y que con mucha suerte podíamos encontrar la casa donde nació. Junto a Orlando Mazeyra, escritor arequipeño, y dos amigos, Ricardo Flores y Christian Ávalos, fuimos desde su hotel hasta San Lázaro. La numeración había cambiado y los colores y aspecto de las casonas antiguas confundieron a Reynoso. Cuando creyó reconocer una casa, tocó la puerta y salió un vigilante a quien le pidió que abriera la puerta para ver si todavía estaba la glorieta que confirmaría que esa era la vivienda donde pasó sus primeros años con sus padres y hermanos. El guardián no quiso abrir, se excusó y nos cerró la puerta. Nos fuimos resignados. Cruzamos la pista y entramos a la iglesia de San Lázaro, donde el escritor había sido monaguillo. El pasado católico de un marxista. Allí nos hizo un tour y comenzó a hacerle preguntas al sacristán. Antes de salir, Oswaldo recordó algo: cerca de la iglesia vivía una señora que le había enseñado a leer y quería ver si le quedaba algún familiar vivo. Avanzamos sobre la misma recta de la iglesia y el sacristán tocó una puerta. Abrió una señora menudita, de cabellera blanca y con acento típico de Arequipa. Resultó ser la sobrina de la maestra de Reynoso, a quien le preguntó: “¿Tú eres el de En octubre no hay milagros?” Se abrazaron y se reconocieron como viejos amigos de la infancia. Todo este relato lo registré en video y lo publiqué, finalmente, luego de la muerte del escritor. El video puede verse aquí.

No pudimos recorrer otros lugares, como su colegio, apenas llegamos a la iglesia de San Francisco, y luego, debido al calor fatigante, finalizamos el recorrido y fuimos a comer una pizza con sus respectivas cervezas. Horas después regresó a Lima y los demás seguimos pendientes del Hay Festival.

Es de tarde en la calle Mercaderes. Ingreso al Manolo y pido un jugo de papaya arequipeña. El recuerdo de Reynoso me impulsó a desviar mi rumbo a ese local. Iba a recoger mi credencial para el festival. Además, recordé que había programado un homenaje coincidiendo con el sexto aniversario de Lee por gusto, que se frustró por los feriados obligatorios durante una cumbre internacional. Ahora, en Arequipa, el sábado 10 de diciembre, al mediodía, se le realizará un homenaje al escritor que escapó de su ciudad, pero a la que siempre volvió y evocó en sus últimas obras. Arequipa fue para él una lámpara incandescente.

 

 

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