Claudia Ulloa: “Lo que me interesa y me mueve es el lenguaje”

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Vive en Noruega desde hace más de siete años y volvió al Perú para presentar una reedición de su primer libro de cuentos, El pez que aprendió a caminar (Estruendomudo, 2013). Claudia Ulloa Donoso sostiene que en el momento de la escritura busca crear atmósferas, utilizar las palabras para transmitir sensaciones.
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Por Jaime Cabrera Junco
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Si habláramos de un disco o de una película diríamos que estamos frente a una remasterización. En jerga libresca se trata de una reedición, la cual, como es usual, incluye algún material extra. El pez que aprendió a caminar fue publicado en 2006 por Estruendomudo y en esta nueva versión incluye un intercambio de cartas entre la autora y su editor, así como textos inéditos, entre ellos un cuento titulado Pajarito. “Tenía temor de volver a leer el libro, pero al volver a hacerlo me di cuenta de que había cosas que no quería agregar, que el libro ya estaba concluido”, cuenta Claudia Ulloa Donoso (Lima, 1979), escritora que vive en Noruega desde hace más de siete años y que volvió al Perú para presentar esta nueva versión de su primer libro, “un niño grande”, como ella lo llama.

Inicialmente el cuentario se iba a titular Documental, al igual que uno de los relatos, y su autora quería que todas las historias tuvieran esa estructura, pero al final esos textos mutaron, cobraron forma propia. «El pez que camina es evolución, todos los peces que evolucionaron se convirtieron en anfibios o reptiles…», explica sobre el nombre final de su libro en cuyos relatos hay un aliento lírico y más que acciones nos encontramos frente a sensaciones, a atmósferas.

Pero conozcamos a la autora y cómo aprendió a caminar en esta ruta no trazada de la ficción.

Cuando tenías 18 años ganaste el concurso El cuento de las 1,000 palabras de Caretas y cuando llamaron a tu casa para darte la noticia nadie de tu familia sabía que te dedicabas a escribir. ¿Desde cuándo escribías?
Que tenga conciencia y recuerde, yo escribía desde los 13 o 14 años y siempre fueron historias, cuentos. Estaba en el colegio y escribía cosas sueltas, quizás quería cambiar lo que me pasaba y no estaba contenta y lo cambiaba a mi gusto, así empezó más o menos todo.

¿Qué primeras lecturas consideras importantes o que te hayan estimulado a escribir?
Empecé con las lecturas del colegio, con Ribeyro, con los poemas de Vallejo, con los cuentos de Cortázar, así empecé a interesarme por la lectura y recuerdo que quizá cuando me dije «cómo la escritura puede causar esta impresión en mí» fue cuando leí Los miserables, una novela con la que estuve muy conectada y recuerdo que lloraba cuando la leía. Fue un descubrimiento y eso quizás hizo que me interesara en leer y escribir.

¿Nunca llegaste a considerar estudiar literatura?
No, yo quería ser chef y estudié administración hotelera. Después, cuando me mudé a España empecé a estudiar filología y mi vida era un poco complicada entonces, aunque me decepcioné porque era como ir entre las bambalinas del teatro y ver lo que ocurre detrás. Estaba encantada por la ficción y ahora estaba analizando obras con contexto y pies de página. Era como si me contaran el truco, entonces no continué los estudios y fue allí que me di cuenta de que lo que me interesa y mueve más es la palabra, el lenguaje. Creo que cuando uno escribe hay una serie de descubrimientos y este fue otra descubrimiento, es decir, lo que me interesaba no era la literatura sino el lenguaje.

Cuando te preguntaron por tus influencias mencionabas a Raymond Carver y a Juan José Millás, ¿de qué manera te influyeron estos autores?
Bueno, a ellos los leí después, en España, cuando me mudé allí en el 2000. Leyendo a Carver me di cuenta de esa manera tan reducida de utilizar el lenguaje y crear atmósferas. Leyéndolo crees que él te está diciendo mucho más que esas palabras que escribe y eso me atrapó mucho. A Millás lo escuchaba en la radio, y al leerlo me di cuenta de que los temas que él trataba se parecían mucho a las cosas que yo vivía en España. Leía además de él sus articuentos.

Ahora que mencionabas los detalles y la creación de atmósferas en el relato, ¿dirías que esto es muy importante en el momento de escribir un cuento?
Sí, creo que cuando escribo no cuento realmente una historia y predomina más lo que se siente, la sensación… alguien alguna vez me dijo: “pero realmente en tu cuento no pasa mucho” (ríe)… pero lo que trato consciente o inconscientemente es crear esta sensación que se puede transmitir a través de las palabras.

 

 

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POSTClaudiaUlloa2Claudia Ulloa vive en la ciudad noruega de Bodø, ubicada al norte del Círculo Polar Ártico. Allí hay sol a medianoche entre el 4 de junio y el 8 de julio. Tiene aproximadamente 46 mil habitantes, 22 mil menos que en San Isidro. Hay más frío, es cierto, pero también más silencio, y eso, afirma la escritora, ayuda a encontrar cualquier momento para escribir. Estamos en el piso diez de un edificio de la Residencial San Felipe y hasta allí se escuchan los bocinazos de los vehículos. «Si tuviera que regresar definitivamente a Lima creo que encontraría también ese espacio para escribir», dice. Tiene un blog llamado Martillo Vs. Alfabeto, que utiliza como su cuaderno de notas, donde escribe sobre lo que se le ocurra. El papel y la web lo aguantan todo. Hace unos años tenía una bitácora llamada Séptima Madrugada, que era el diario de una insomne conocida como ‘Madru’. Los post luego dieron pie a un libro del mismo nombre. «Fue muy gracioso porque hay gente que me conoce hace bastantes años y me llama ‘Madru’. Es cierto que hay cosas que son autobiográficas en lo que escribo y que también se refleja en los cuentos. Dónde termina la realidad y comienza lo real es difícil de definir, pero personalmente creo que en todo lo que escribo hay algo o mucho de autobiográfico», afirma.

El hecho que no hayas publicado un libro desde 2007  (Séptima madrugada), no quiere decir que no hayas dejado de escribir cuentos o acaso una novela, ¿verdad
Eso es lo que conversaba en la presentación de la reedición de El pez que aprendió a caminar…es que yo me propuse escribir una novela pero no puedo escribir de esa forma, sigo escribiendo cuentos y si algún día escribo una colección de cuentos que pueda leerse como una novela, será así. Estuve pensando en hacer una novela sobre viajes y traté de estructurarla, hacer capítulos, personajes y no pude, era muy artificial… me frustraba mucho y, además, dejé de escribir hace algún tiempo y puedo decir que volví a hacerlo en los últimos dos años y lo que sigo escribiendo son cuentos.

¿Cómo enfrentas la escritura?
No quiero enfrentarla (ríe) sino prefiero andar con ella, que me acompañe, que sea parte de mí. No quiero sentir eso de que voy a enfrentarme a algo, quiero sentir de que va conmigo, se mueve por los lugares que voy. Cuando pienso en esa imagen de enfrentarse a la página es como un acto violento… a veces puede pasar, pero prefiero pensar que la escritura se mueva conmigo.

Es decir, que sea un acto espontáneo no decir «me voy a sentar a escribir»
Eso es menos frustrante, es como decir me voy a enfrentar a alguien y si no puedes tienes una derrota, una frustración. Cuando dejé de escribir por tres años al principio sentía frustración, pero luego dije que si se fue, se fue, pero ahora la escritura ha vuelto, entonces es como una compañía, algo que está conmigo.

¿Y sientes presión por publicar algo nuevo?
No es una presión, pero es importante. Es como sellar algo y pasar a otra cosa, Nunca se puede saber con certeza qué va a pasar con el libro, qué van a decir, si lo van a usar de posavasos (sonríe), pero creo que es importante publicar para alguien que escribe. Es terminar un trabajo, terminar una etapa.

 

La realidad es una cosa como la taza de café en la mañana, cepillarse los dientes antes de dormir, tomar una pastilla, masturbarse. La realidad solo necesita de tu cuerpo situado en un determinado espacio y entonces se produce. En cambio, la ficción a mí no solo me exige la presencia de mi cuerpo, sino que primero me ciega, luego me mata, después de me descuartiza y es desde ahí que la ficción sale de algún lado de mi cuerpo y empiezo a escribir, por ejemplo, desde alguna arteria.

Durante estos últimos años he tratado de morir y descuartizarme para alejarme de la realidad y descansar en la ficción, pero no puedo. Estoy entera y te estoy escribiendo esto tan real como para ponerlo en un sobre, pegar una estampilla con mi saliva (dejar mi ADN para ti) y que esto llegue a tu casa, porque a algo te has suscrito, porque lo has comprado o porque alguien te lo dio sin que tú lo pidieras.

Fragmento del relato «Pajarito», en «El pez que aprendió a caminar».

 

 

CINCO LIBROS RECOMEDADOS POR CLAUDIA ULLOA

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1. Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro.

2.  Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa.

3.  Poesía escrita, de Jorge Eduardo Eielson.

4.  Desde ahora te acompañaré a casa, de Kjell Askildsen.

5.  Los miserables, de Víctor Hugo.

 

 

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