Claudia Salazar: “Quería entender cómo permitimos tanta violencia”

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Con La sangre de la aurora (Animal de Invierno, 2013), Claudia Salazar Jiménez comienza su exploración en el género de la novela y lo hace con una historia ambientada en la década de los 80, en los años de la guerra interna en el Perú. Una propuesta arriesgada y que tiene en el tratamiento del lenguaje su principal virtud y, como afirma la escritora chilena Diamela Eltit, al leer la novela no salimos indemnes.

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Por Jaime Cabrera Junco

Vive en Nueva York, donde se doctoró en Literatura, y durante su visita a “La ciudad de la garúa”, como denomina a Lima en La sangre de la aurora (Animal de Invierno, 2013), conversamos con Claudia Salazar Jiménez (Lima, 1976), quien presenta una historia ambientada en los años de violencia interna del Perú contada desde la perspectiva de tres mujeres: una senderista, una comunera ayacuchana y una fotorreportera limeña. Su lenguaje por momentos golpea, y a pesar de su corta extensión esta historia como afirma ella, ofrece una mirada más amplia de esos años de derramamiento de sangre.

Esta es tu primera novela, mas no es tu primera incursión en la narrativa puesto que has publicado cuentos
Sí, es mi primera publicación personal en papel, tengo un par de cuentos publicados en páginas web y el año pasado publicaron una minificción de escritores sobre violencia de género, y esta sí es mi primera publicación propia.

¿Y cómo y cuándo surge este interés por escribir?
Uff…desde muy pequeña, en realidad si tuviera que poner una edad es prácticamente desde que empecé a leer. Comencé a leer a los cuatro años y leía mucho siempre, de una manera libre, y escribía cosas cuando me regalaron una máquina de escribir a los 7 u 8 años, escribía por puro gusto, no tenía en mi casa una presión de lectura ni tengo familiares que estén vinculados con la literatura. Mi abuelo escribía algunas cosas pero nunca llegó a publicar. Y me gustaba tanto la literatura que me decidí estudiarla aunque antes había ingresado a Derecho. Contradictoriamente cuando empecé a estudiar Literatura dejé de escribir y luego viajé a Estados Unidos a hacer el doctorado y escribía pero tenía mucho temor a mostrar lo que hacía, luego entré a un taller de ficción con Diamela Eltit y esperaba que alguien, a quien valoro mucho como escritora, me diga si lo que escribo vale algo o no.

Para probarte…
Sí, es que hay mucha gente que escribe y me dije seguir matando árboles para algo que no tiene calidad no vale la pena (ríe), hay que tener un poco de pudor ahí, pudor ecológico y fue un poco para foguearme.

La sangre de la aurora se gesta en este taller con Diamela Eltit, donde empiezas a escribir las primeras historias. Hay una tendencia en la narrativa peruana contemporánea a explorar ficcionalmente esos años de la violencia interna, en tu caso ¿por qué escogiste ambientar tu novela en este periodo de nuestra historia?
La historia nace de un texto de ocho o diez páginas que presenté en el taller, tenía unos fragmentos un poco dispersos y salió ese texto que se llamaba Trozos, pero si tuviera que decirte por qué conscientemente escogí ese periodo no sabría decirlo, pero era un tema que me estaba rondando la mente ya bastante tiempo y el problema era cómo convertirlo en literatura, qué tratamiento darle. Tenía algunas noticias de textos que se publicaron sobre esa época pero no sabía que eran tantos, estamos hablando del 2007 cuando empecé la novela. En mi caso puedo decir que la intención es tratar de entender qué nos pasó en esos años, cómo permitimos que la violencia llegara a esos niveles tan descarnados, tanto del lado de Sendero Luminoso, MRTA y de las Fuerzas Armadas, cómo al Estado se le fue de la mano esa violencia, y sobre todo para entender qué hacer para que esto no se repita y parte del proceso personal de hacer memoria y al mismo tiempo de comprenderlo si acaso es posible.

CLAUDIASALAZAR2¿Cómo fue el punto de inicio en tu proceso de escritura? Los primeros personajes de la historia inicial fueron Modesta, la comunera ayacuchana, y Melanie, la fotorreportera. Para los que aún no han leído la novela, la historia está contada desde la perspectiva de tres mujeres, además de las anteriores mencionadas, está la camarada Marta, la senderista.
Es cierto que empecé con estos dos primeros personajes y la inclusión de Marta fue porque quise explorar este punto de vista que es como el más olvidado, obviamente porque genera los anticuerpos puesto que ellos iniciaron este proceso de violencia. Me interesó meterme en la cabeza de este personaje y entender cómo el fanatismo puede llevar a este nivel de rigidez que termina ocasionando tantas muertes. Me pareció más compacto conformar una suerte de triada de personajes para ofrecer una mirada más prismática de todo ese periodo.

En el caso de Marta, se percibe toda una evolución: era una maestra de escuela idealista preocupada por su comunidad y luego empieza a adherirse a Sendero Luminoso.
Hice bastante trabajo de investigación para la novela sobre ese periodo y parte de esto fue averiguar cuál fue el papel de las mujeres en Sendero Luminoso. A fines de los 80 empezaron a publicarse varios artículos y justamente se hablaba mucho de esto de que no había espacios que ofreciera medios de acción a la mujer, Sendero Luminoso se da cuenta de esto y empieza a captar mujeres profesionales de clase media y pasó lo que ya sabemos.

Al inicio de la novela el lector se encuentra con una frase de Marx que justamente tiene que ver con esto que acabas de mencionar: «cualquiera que conozca algo de historia sabe que los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento femenino». Tú agregabas que en la novela buscas representar el cuerpo femenino como un campo de batalla en cualquier tipo de guerra.
Uso varias citas en la novela que tienen que ver con la revolución y la mujer porque me interesaba no tanto la cita en sí misma como textualidad sino que quería mostrar cómo las acciones que pasaron a lo largo de estos años le dieron una vuelta irónica a esto, porque estas citas las tomé de discursos de Abimael Guzmán y estaba el fermento femenino allí pero para traer más destrucción. Hasta qué punto este fermento tan proclamado también en esta guerra fue destrucción porque hay varias decisiones de la cúpula, que además de Guzmán estaba conformada por dos mujeres. Hay una ironía de mirar a la mujer como parte de un proceso revolucionario que terminó causando muertes, por eso me interesaba darle la vuelta a estas citas en el texto.

 

 

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LaSangrePost2Claudia Salazar cuenta que de niña leyó Las ruinas circulares, de Jorge Luis Borges, sin saber la trascendencia de este escritor argentino. Que además se encontró con El infierno tan temido, de Juan Carlos Onetti, cuyo relato no entendió y años después le impactaría mucho, con lo cual el narrador uruguayo pasó a ser uno de sus autores canónicos. Considera que Pedro Páramo, de Juan Rulfo, es una joya de la narrativa latinoamericana del siglo XX, y en cuanto a escritoras se ha nutrido de la prosa de Virginia Woolf y Clarice Lispector.

Percibo una preocupación particular en el lenguaje, en crear una atmósfera y en el caso de la historia de Modesta, supongo que fue un reto el tratar de copiar la manera de hablar sin caer en la caricatura
Sí, ella fue el personaje más complicado porque a veces se escapa el caer en la condescendencia con el personaje andino, y aquí tomé como referencia a Arguedas, aunque claro llegar a lo que hizo él es bastante difícil. Finalmente creo que la literatura se hace a partir de literatura.

El otro aspecto es el de la narración de los abusos, de las vejaciones, que son algunos de ellos muy desgarradores y que abordas con una técnica en la que las voces se superponen a otras
Sorprendentemente, aunque suene raro, la manera de tratar esta parte de las violaciones específicamente ya lo tenía en el texto inicial y se quedaron prácticamente inalterados hasta ahora, sentí que era la forma de hacerlo, que es como muy entrecortada, con onomatopeyas, el lenguaje tenía que volverse violento a nivel también de los propios significantes, no solo a nivel de la historia sino que la sintaxis misma lo fuera. Esa forma surgió desde el inicio. Además otro de los riesgos de lo que estaba muy consciente era el de cómo describir la violencia sin llegar a un punto de exhibicionismo que suele llegar a ser pornográfico.

Narrativamente hablando, ¿qué es lo que has descubierto o aprendido al escribir esta novela?
(Ríe) Narrativamente hablando…que la parte más importante es la corrección (risas), la cual demora mucho y esta novela tuvo varias versiones finales, tuve que darle varias vueltas más. Es bastante importante, en primer lugar, dejar salir todo lo que uno tenga que decir y luego hacer la corrección. También el aprender a cuidar mucho la construcción del tiempo, esto lo tuve muy presente en la novela, pongo marcas muy ligeras aquí pero quería a la vez que se viera todo como un presente muy continuo, este fue el mayor aprendizaje al escribir la novela.

¿Con esta novela cierras tu interés en este periodo de nuestra historia?
A nivel de la ficción no lo sé todavía, a nivel académico me interesa todavía como tema, pero creo que es un problema constante probablemente está todavía dando vueltas, pero no creo que por ahora lo siga trabajando en ficción porque esta novela significó un desgaste emocionalmente y por ahora sería bueno dejarlo descansar un poco.

¿Qué tipo de narrativa te interesa desarrollar?
Me interesa seguir trabajando ficción no digamos histórica pero que tenga que ver con ciertos procesos políticos, sociales, yo soy muy curiosa no me gusta encasillarme, por ejemplo me pidieron un cuento para una antología sobre Kafka en el que había que construir un relato en que lo kafkiano esté presente, lo cual fue para mí liberador porque me permitió acercarme también a lo fantástico. Pero no me gusta encasillarme y quiero que la escritura vaya por donde me interese hacerlo.

 

 

LOS CINCO LIBROS RECOMENDADOS POR CLAUDIA SALAZAR

1.  Pedro Páramo, de Juan Rulfo.

2.  Conversación en La Catedral, de Mario Vargas Llosa.

3.  Las memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.

4. Las olas, de Virginia Woolf.

5. Los adioses, de Juan Carlos Onetti.

 

 

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