Cincuenta años de “No soy un aculturado”, de José María Arguedas

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    Se cumplen 50 años de la entrega del premio Inca Garcilaso de la Vega a José María Arguedas y de la lectura, en esa ceremonia, de su célebre discurso No soy un aculturado, qué sería su testamento intelectual y que, como tal, fue incluído, por indicaciones del mismo escritor, en su obra póstuma, El zorro de arriba y el zorro de abajo.

     

    Por Bruno Ysla Heredia

    Quizás sea el texto más conocido del escritor andahuaylino José María Arguedas (1911-1969), por detrás del título de su novela Todas las sangres. Pasajes del mismo han servido para titular libros, tanto de literatura como de antropología; y la segunda de las secciones de la exposición permanente Intensidad y altura, de la Casa de la Literatura, hace referencia a una de sus frases. Sin embargo,  se sabe muy poco del momento o la fecha exacta en el que fue leído por primera vez. En las diversas ediciones de la novela El zorro de arriba y el zorro de abajo,  o donde quiera que sea citado el discurso, se indica que se pronunció en la entrega del Premio Inca Garcilaso de la Vega en octubre de 1968. ¿Pero qué era este premio y en cuál día de ese octubre fue entregado? No ha habido mucha información concreta al respecto. Las biografías[i] mencionan que el premio fue concedido por la Beneficencia Pública de Lima, pero no más. La única fuente que hasta ahora señalaba la fecha exacta de la ceremonia, 18 de octubre de 1968, era una página de un sitio web del diario El Comercio, lamentablemente desactualizado, y que mostraba esta información de modo bastante escueto[ii]. ¿Era, acaso, realmente esa la fecha? Había que acudir a las fuentes, diarios y revistas de la época, y a los documentos del escritor, reproducidos en diversas publicaciones,  y confirmarlo. Los resultados de mis pesquisas los expongo en este artículo.

     

    EL ANUNCIO DE LA CREACIÓN DEL PREMIO

    “Acepto, con regocijo, el premio Inca Garcilaso de la Vega, porque siento que representa el reconocimiento a una obra que pretendió difundir y contagiar en el espíritu de los lectores el arte de un individuo quechua moderno que, gracias a la conciencia que tenía del valor de su cultura, pudo ampliarla y enriquecerla con el conocimiento, la asimilación del arte creado por otros pueblos, que dispusieron de medios más vastos para expresarse.”[iii]

    La creación de los premios Inca Garcilaso de la Vega y César Vallejo[iv], auspiciados por el Ramo de Loterías de Lima y Callao, organismo de la Beneficencia Pública de Lima, fue anunciada el día 3 de octubre de 1968, el mismo día en que los diarios publicaban con consternación el golpe de estado ocurrido, esa madrugada, al presidente Fernando Belaunde Terry por parte del General Juan Velasco Alvarado. Decía la nota periodística aparecida en El Comercio: “El Premio “Inca Garcilaso de la Vega” tendrá carácter consagratorio y será otorgado sin concurso, al escritor peruano del género narrativo, poético, dramático o de ensayo, cuya obra constituya por su trascendencia, continuidad y ejemplaridad, una contribución objetivamente valiosa al arte y Letras del Perú, y su monto será de Cuarenta mil soles…”[v]

    El anuncio se daba en el contexto de la supresión de los premios anuales de fomento a la cultura, y de la demora en pagar a los ganadores del año 1966. En carta del 24 de setiembre de 1968[vi], se haría pública la protesta firmada por distintos ganadores del premio como Alfonsina Barrionuevo, Emilio Hernández, Augusto Salazar Bondy, Enrique Pinilla, Francisco Bendezú y Mario Vargas Llosa, entre otros. En un número posterior de la revista Oiga, el que se ocupaba del golpe de estado, se daría a conocer de manera pormenorizada esta crisis que ya tenía tiempo: “Las partidas para los Premios Nacionales de Fomento de la Cultura, el único galardón retribuido pecuniariamente que el Estado concedía a los trabajadores intelectuales, han sido suprimidas lisa y llanamente, sin causa que lo justifique ni explicación que la ciudadanía pueda aceptar como válida. Pero no se detiene ahí solamente el absoluto desprecio por la cultura que los prohombres de este régimen, con empeño y constancia dignos de mejor causa, han demostrado a lo largo de cinco años de gobierno débil y empobrecedor, vacilante y caótico, sino que han ido más allá: […] se ha anulado la partida para el pago de los premios ya discernidos de 1966…”[vii]

    En medio de este ambiente, se dijo que el día 12 de octubre se descubriría el nombre del ganador del Premio Garcilaso, sin embargo, ese día no se descubrió nada. Fuera del inicio de las Olimpiadas en México, que serían noticia esas semanas. Más bien el día 14, en la página cultural de la revista Caretas, que manejaba el hoy muy cuestionado escritor  Reynaldo Naranjo, se mencionó el premio y se dijo, con atraso, que sería entregado el día doce.  El autor de Violín desconocido, mostraba sutilmente sus preferencias, pues manifestó: “Los nombres que se barajan son los de Martín Adán, José María Arguedas, Luis Alberto Sánchez y Mario Vargas Llosa. Una primera encuesta entre quince intelectuales dio como ganador a Arguedas, pero una segunda, algo más meditada, eligió al escritor que lleva los nombres del primer mono y el primer hombre.”[viii] Acompañaba al breve comentario, una foto de Martín Adán, de Baldomero Pestana, pero sin crédito alguno, con el siguiente texto: “Martín Adán, posa en la puerta de la casa que se convirtiera en una especie de leyenda. Es la famosa “Casa de cartón”. Este –que es uno de sus grandes méritos- lo hace merecedor al premio “Garcilaso de la Vega”.”[ix]

     

    EL VEREDICTO DEL JURADO Y LAS CONFUSIONES DE LA FECHA

    “La ilusión de juventud del autor parece haber sido realizada. No tuvo más ambición, que la de volcar en la corriente de la sabiduría y el arte del Perú criollo, el caudal del arte y la sabiduría de un pueblo al que se consideraba degenerado, debilitado o “extraño” e “impenetrable” pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo, oprimido por el desprecio social, la dominación política y la explotación económica en el propio suelo donde realizó hazañas por las que la historia lo consideró como gran pueblo: se había convertido en una nación acorralada, aislada para ser mejor y más fácilmente administrada y sobre la cual sólo los acorraladores hablaban mirándola a distancia y con repugnancia o curiosidad.”[x]

    El día 15 se hizo saber que el ganador del premio era el escritor José María Arguedas y que la decisión del jurado había sido unánime: “El veredicto […] tuvo en consideración no sólo los extraordinarios méritos de Arguedas como novelista, género en el que goza de reconocimiento internacional sino también su apasionado interés, en su calidad de etnólogo e investigador, en rescatar del olvido tradiciones, leyendas y creaciones literarias del Perú pre-hispánico, según manifestó un vocero del Ramo de Loterías”[xi] El jurado estuvo compuesto por un lingüista, el doctor Alberto Escobar, en representación del Consejo Inter-Universitario; un antropólogo, el doctor Fernando Silva Santisteban, representando a la Casa de la Cultura, y un ingeniero, Mario Samamé Boggio, quien representaba al Ramo de Loterías de Lima y Callao.

    Tanto en el diario La Prensa como en El Comercio, se indicó que la entrega del premio se realizaría el viernes 18 de octubre, sin embargo, en ambos diarios[xii], apareció una nota el día 17 que informaba, erróneamente, que el acto se llevaría a cabo ese día. En la nota del diario  El Comercio, se apuntaba que el concurso había sido convocado por el Gerente del Ramo de Loterías de Lima y Callao, Wladimiro F. Hjarles.

    Aquel 17, en una carta dirigida al escritor cubano Roberto Fernández Retamar, Presidente de Casa de las Américas en La Habana, José María Arguedas se refiere, acaso por primera vez, al premio: “Es un indicio favorable que se me haya concedido, hace pocos días, el premio Inca Garcilaso de la Vega que el Ramo de Loterías de Lima ha creado, como de tipo consagratorio a la obra completa de un escritor cuya influencia haya tenido “trascendencia” en el país. Creo que ha de ser posible incluir en esta carta el recorte del reportaje que me hizo Winston Orrillo para la revista “Oiga” sobre este premio.”[xiii]

    Al día siguiente, en El Comercio se publicó una noticia que aclaraba que el premio se entregaría esa noche. Se pasaba, además, revista a la obra literaria y etnológica de Arguedas y se manifestaba que ella “ha permitido a miles de peruanos conocer y amar a la gente humilde y sufrida de nuestra serranía a la par que admirar su estilo y maestría de narrador.”[xiv] Mientras, en el diario Expreso se declaraba: “Creemos que la decisión del Jurado ha sido acertadísima, más aún justa.”[xv]

    El mismo día, en las primeras planas de ambos diarios[xvi], aunque en la del diario Expreso ocupaba toda la página[xvii], se daba a conocer que, tras cinco años de viudez, Jacqueline Kennedy se casaría con “el millonario armador griego”, Aristóteles Onassis, aunque no se especificaba la fecha de la boda. El enlace, que se consideró escandaloso, se produjo, sorpresivamente, dos días después; a un mes de que se cumplieran los cinco años del magnicidio, que ella presenció,  de su primer esposo, John F. Kennedy, y luego de cuatro meses del asesinato de su cuñado, Robert F. Kennedy, de quien ella y sus hijos eran muy cercanos. Con ese panorama familiar, qué otra cosa hacer más que casarte con el hombre más poderoso del mundo. O como escribió  Sofocleto ese día: “Pero lo cierto es que nadie sabe lo de nadie. Ni tiene derecho a saberlo, que es lo peor. Nadie sabe cómo actúan los traumas en el espíritu de una mujer que ha visto asesinar a su esposo. Onassis, por otro lado, es un hombre de extraordinaria personalidad y no hay por qué prejuzgar que todo en la vida se haga por dinero o interés. Eso sería como echar por la borda nuestra fe en la humanidad. Por ahora sólo nos queda desearles que sean muy felices.”[xviii]

    También en la primera plana de El Comercio se anunciaba que Yasunari Kawabata había ganado el premio Nóbel de Literatura por “su maestría narrativa, que expresa con gran sensibilidad la esencia del espíritu japonés”. Acotaba el diario que Kawabata “ha ganado fama por su refinada anatomía del erotismo y es uno de los pocos autores japoneses difundidos en occidente. […] El Premio le reportará la suma de 350 000 coronas suecas, (67 200 dólares).”[xix]

     

     

    LA ENTREVISTA PARA OIGA Y EL MONTO DEL PREMIO

    “Pero los muros aislantes y opresores no apagan la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan, por tanto, las fuentes del amor de donde brota el arte. Dentro del muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo ideas, creando cantos y mitos. Y bien sabemos que los muros aislantes de las naciones no son nunca completamente aislantes. A mí me echaron por encima de ese muro, un tiempo, cuando era niño; me lanzaron en esa morada donde la ternura es más intensa que el odio y donde, por eso mismo, el odio no es perturbador sino fuego que impulsa.”[xx]

    El viernes de la entrega del premio, apareció en la revista Oiga, la entrevista que Winston Orrillo le hizo  a José María Arguedas y que éste mencionó en su carta a Fernández Retamar. Allí se discutió sobre el monto a recibir: “Y en este caso, las cuatro decenas de miles (José María nos dice que no alcanzan ni para la quinta parte del precio de un terreno con los costos actuales o, en fin, podrían ser agotados si de ellos se tuviera que vivir un trimestre) resultan exageradamente exiguas. […] Le servirán para ayudarle a vivir estos meses en los que trabaja su nueva novela, para la que ha tenido que pedir licencia sin goce de haber. Pero no se puede dejar de sugerir: un decoroso premio consagratorio no debe, en ningún caso, bajar de los cien mil soles. Arguedas piensa que no hay ninguna necesidad de que sean anuales: “quizás, acota, siendo cada dos años puedan lograrse doscientos mil…””[xxi]

    Sobre el tema monetario, para tener una idea, voy a citar un pasaje de una carta posterior de Arguedas, a su amigo el escritor chileno Pedro Lastra: “…Te envío un aviso de los “Clásicos peruanos” que va hasta Vargas Llosa. No figuro yo por que [sic] no contestamos nada de Santiago. He dejado de percibir allí 40,000 soles, unos novecientos dollares [sic], exactamente la misma cantidad que el premio Garcilaso.”[xxii]  Ese dato es interesante y muy útil porque gracias a él podría calcular, tal vez de una manera muy chapucera y pasando por alto las grandes y constantes  devaluaciones que ha sufrido nuestra moneda, a cuánto equivaldría actualmente esa suma. Con ayuda de varias webs[xxiii] que calculan el valor del dólar en determinada fecha, comparada con la actual, un dólar de 1968 es equivalente a 7.26 dólares actuales, por lo que esos US$900 actualmente valdrían US$ 6534.00. Al cambio del dólar a S/. 3.34, lo que recibió Arguedas actualmente sería S/.21 823.56. El premio Copé de cuento, que está en su vigésima edición y cuyo fallo debe darse a conocer dentro de un mes, otorga a su primer premio S/.35 000.

    Preguntado por Orrillo sobre cómo veía la nueva literatura peruana, dijo Arguedas: “Con gran regocijo. ¡Imagínate, con un novelista como Mario Vargas Llosa[xxiv], con un poeta como Antonio Cisneros[xxv]! Que lean mucho los jóvenes y que se adentren en el Perú, que es infinito, que lo hagan más aún que Toño y Mario, si es posible”.  También declaraba: “No creo en la existencia del Boom” [xxvi], esto a propósito de la aún fresca polémica con el escritor argentino Julio Cortázar[xxvii]. Lo que se condecía con un artículo de Mirko Lauer,  situado en la página contigua a la de la entrevista, que exponía la supuesta crisis del Boom con base en el premio no concedido a la novela La traición de Rita Hayworth del escritor argentino Manuel Puig y  las declaraciones del cubano Guillermo Cabrera Infante sobre la situación en su país.[xxviii]

     

    LAS NOTICIAS DE LA PREMIACIÓN

    El sábado 19 de octubre tanto El Comercio como La Prensa resumían lo del Premio Garcilaso en una nota breve, como las anteriores. La ceremonia se realizó en el local de Casa de la Cultura, es decir, la llamada Casa de Pilatos en el jirón Ancash, frente a la Iglesia de San Francisco, donde hoy se ubica la sede del Tribunal Constitucional, y en la que ocho años después, en diciembre de 1976, Luis Hernández daría un célebre recital. La nota de El Comercio expuso los momentos previos al discurso de Arguedas de esta manera:

    “Breves palabras de homenaje del Ing. Mario Samamé Boggio, Presidente del Directorio del Ramo de Loterías de Lima y Callao, precedieron a la entrega del galardón al ilustre hombre de letras. Poco antes habló el Director de la Casa de la Cultura, Fernando Silva Santisteban, quien destacó “el hermoso ejemplo de la Beneficencia Pública de Lima al discernir tales premios de estímulo”. Calificó a José María Arguedas, de “gran escritor, lo más auténtico del Perú”. Dijo que Arguedas es el varayoc de las letras peruanas y un hombre como los cerros y los ayllus del Perú. “Es ejemplo de respeto a la humildad y la grandeza, al talento y al genio”, expresó Silva Santisteban y concluyó felicitándolo en quechua hasta abrazarlo. En el estrado se encontraban el Presidente de la ANEA, Arturo Hernández; [y] el Decano de la Facultad de Letras de San Marcos, Alberto Escobar. El auditorio estuvo colmado por nutrida concurrencia. “[xxix]

    A continuación, El Comercio presentaba una atenta y adecuada síntesis del discurso de Arguedas.  Bastante escueta por comparación, la nota de La Prensa, decía poco del discurso y de las palabras previas, sin embargo, acotaba que la ceremonia fue transmitida por Radio Nacional a todo el país y “que por su monto el premio constituye el más importante de los que se concede a los escritores nacionales”[xxx]. Incluía, además, una foto del sonriente ganador.

     

    “Contagiado para siempre de los cantos y los mitos, llevado por la fortuna hasta la Universidad de San Marcos, hablando por vida el quechua, bien incorporado al mundo de los cercadores, visitante feliz de grandes ciudades extranjeras, intenté convertir en lenguaje escrito lo que era como individuo: un vínculo vivo, fuerte, capaz de universalizarse, de la gran nación cercada y la parte generosa, humana, de los opresores. El vínculo podía universalizarse, extenderse; se mostraba un ejemplo concreto, actuante. El cerco podía y debía ser destruido; el caudal de las dos naciones se podía y debía unir. Y el camino no tenía por qué ser, ni era posible que fuera únicamente el que se exigía con imperio de vencedores expoliadores, o sea: que la nación vencida renuncie a su alma, aunque no sea sino en la apariencia, formalmente, y tome la de los vencedores, es decir que se aculture.  Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua. Deseaba convertir esa realidad en lenguaje artístico y tal parece, según cierto consenso más o menos general, que lo he conseguido. Por eso recibo el premio Inca Garcilaso de la Vega con regocijo.”[xxxi]

     

    LOS DÍAS POSTERIORES

    Los diarios La Prensa y El Comercio, en sus suplementos dominicales, le dedicaron una página entera al galardonado escritor, donde, a la vez que mencionaban el intento de suicidio de 1966, referido meses antes en el adelanto de su nuevo libro, aparecido en la revista Amaru[xxxii], destacaban el valor de su obra[xxxiii] y lo querido y necesario que era para nuestras letras[xxxiv]. La revista Caretas, en su ejemplar del 26 de octubre, aquél donde figura en la portada un primer plano del ministro del interior del gobierno revolucionario, el General Armando Artola, con la frase ¡Mamita, Artola! (que, como las otras portadas de la revista en esos turbulentos días de octubre, es memorable), colocó, en su sección Ellos & ellas, un par de fotos de Arguedas con un pasaje muy breve de su discurso.  Poco antes, el martes 22, uno de los críticos peruanos más reconocidos, Alfonso La Torre, Alat, ofreció una amplia columna, donde, a propósito del premio, repasaba los ciclos de agua y sangre en la obra de Arguedas. Alat argumentaba que el premio servía para recordar que el escritor andahuaylino era un hombre de carne y hueso pues se tenía a su obra como “…parte casi inmemorial de nuestro paisaje moral y poético, […] como los cerros tutelares que orientan nuestra búsqueda espiritual…”[xxxv]

    Aparentemente, éste fue el texto que más le interesó al escritor pues envió un recorte a su psiquiatra en Chile, Doctora Lola Hoffmann, con una nota muy elocuente sobre cómo se sentía unos días después de la premiación: “Estoy de gran actualidad por haber obtenido el premio Garcilaso. Le envío una nota que acaba de salir en el diario Expreso. Voy en pésimas condiciones que a lo mejor no son tan pésimas.”[xxxvi]

    En su libro testimonial, Días de sol y silencio, sobre su amistad con José María Arguedas y su familia, el escritor Alfredo Pita presenta una carta donde Arguedas le pide que vea la manera no venal de hacer conocer el texto. Escribió Arguedas: “Ya le dije a Sybi [Sybila Arredondo, su esposa] que el discurso debe difundirse de la manera más sencilla y adecuada, sin elegancias ni exquisiteces. Como no se ha publicado se trata de que, principalmente, los estudiantes y los intelectuales muy jóvenes, como tú, y los jóvenes lo lean. Te ruego fijar un formato de papel en algo parecido a los documentos políticos que en los mismos medios se difunden. La distribución debe ser gratuita y, naturalmente, no indiscriminada. Yo decía 500 ejemplares. Ustedes verán. Una traducción al quechua sería bonito pero acaso algo pretencioso.”[xxxvii] Al respecto, comentó Pita: “El discurso lo editamos, Sybila y yo, no como un volante de mimeógrafo sino como una hoja de imprenta, plegada en dos, de color siena claro y con el texto distribuido en sus cuatro paginillas. No sé cuántos ejemplares hicimos, pero la repartimos profusamente en la librería [Moncloa] y en otros lugares. Yo me encargué de hacerla circular en San Marcos y en la Católica, donde tenía buenas amigas. Intenté también contactos con gente de la Villarreal, pero no recuerdo si logré colocar allí algunos ejemplares. El objetivo de José María creo que fue logrado, los estudiantes tuvieron acceso a su palabra, que preparaba el futuro en lo relativo a su mensaje y obra, que él deposita en las manos de los jóvenes, muchos de los cuales descubrían apenas.”[xxxviii]

    “Pero este discurso no estaría completo si no explicara que el ideal que intenté realizar, y que tal parece que alcancé hasta donde es posible, no lo habría logrado si no fuera por dos principios que alentaron mi trabajo desde el comienzo. En la primera juventud estaba cargado de una gran rebeldía y de una gran impaciencia por luchar, por hacer algo. Las dos naciones de las que provenía estaban en conflicto: el universo se me mostraba encrespado de confusión, de promesas, de belleza más que deslumbrante, exigente. Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y  lo cargó aun más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo.  ¿Hasta dónde entendí  el socialismo?  No lo sé bien.  Pero no mató en mí lo mágico.  No pretendí jamás ser un político ni me creí con aptitudes para practicar la disciplina de un partido, pero fue la ideología socialista y el estar cerca de los movimientos socialistas, lo que dio dirección y permanencia, un claro destino a la energía que sentí desencadenarse durante la juventud.”[xxxix]

     

    MÁS ALLÁ DEL DISCURSO

    Escribió Emilio Adolfo Westphalen , como homenaje a su entrañable amigo, en diciembre de 1969: “Envidiable destino: poseer un doble instrumento de captación de la vida y el universo, expresarse libre y gozosamente en dos idiomas de tan diversas estructuras y posibilidades de uso, aprovechar de todo el rico acervo de dos tradiciones culturales antiquísimas y en muchos aspectos disímiles y contradictorias, pero ambas válidas como sistemas para la comprensión del hombre y la exploración del cosmos. JMA tuvo la fortuna de no tener que repudiar parte alguna del doble legado. Es lo que siempre proclamó y en lo que volvió a insistir no hace muchos meses al recibir el Premio ‘Inca Garcilaso de la Vega’. Yo no soy un aculturado – dijo entonces empleando esa (al menos en español, o quizás, sólo para nosotros) horripilante palabreja de la jerga antropológica con la que se quiere calificar al que rechaza y abandona la cultura, las tradiciones, la concepción de la vida del grupo étnico propio para adoptar las de otro…”[xl]

    En la carta final a su editor, Gonzalo Losada, José María Arguedas dejó instrucciones para que el texto sea incluido como prólogo de su novela póstuma, El zorro de arriba y el zorro de abajo. Sin embargo, en la primera edición, de 1971, el discurso se colocó, como una especie de apéndice, al final del libro. Sería con la edición de sus obras completas, en 1983, supervisada por su viuda Sybila Arredondo, que se cumpliría la voluntad del escritor y el texto aparecería como prólogo de la novela, siguiendo el sentido del libro, de textos testimoniales que preceden a textos de ficción.

    Otro episodio confuso tiene que ver con el título del discurso: cuando Agenda: Perú incluyó el texto, a principios de este siglo, dentro de su selección de Los 50 libros que todo peruano culto debe leer, le puso de título No soy un indio aculturado. Este error se repite en la segunda edición de esta publicación, lanzada diez años después. El error se corrige en el mural que, basado en el libro, elaboró el artista Mauricio Delgado (con colaboración de la investigadora Diana Amaya) y que, a partir de este año, se encuentra en el hall principal de la Biblioteca Nacional del Perú, allí está el título de manera correcta: No soy un aculturado.

    También a principios de este siglo, el antropólogo Carlos Iván Degregori tituló con una de las frases, No hay país más diverso, del discurso a su compendio de antropología peruana[xli], que ha tenido múltiples ediciones[xlii]. Luego, ya en esta década, en setiembre de 2015, la Casa  de la Literatura inauguró su muestra permanente Intensidad y altura de la literatura peruana, en la que una de sus secciones o nudos, lleva por título otra frase del último párrafo del texto, Urdimbres y sutilezas. Finalmente, en el año 2016, el Grupo Yuyachkani le dio una nueva luz al incluir fragmentos en los momentos culminantes de su montaje Cartas de Chimbote, sobre los últimos días de José María Arguedas. Al decir esas palabras con mucho ímpetu y coraje, Teresa Ralli me recordó la fuerza y la vida que el texto siempre ha tenido y tendrá.

     

    “El otro principio fue el de considerar siempre el Perú como una fuente infinita para la creación. Perfeccionar los medios de entender este país infinito mediante el conocimiento de todo cuanto se descubre en otros mundos. No, no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacámac y Pachacútec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Túpac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a 4.000 metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. En técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta qué tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo. Ojalá no haya habido mucho de soberbia en lo que he tenido que hablar; les agradezco y les ruego dispensarme.”[xliii]

     

    [i] La más conocida, la de Mildred Merino de Zela, “Vida y obra de José María Arguedas” (1970).

    [ii] En un breve reportaje, elaborado por el día del maestro por Pamela Loli en el año 2013, sobre destacados maestros peruanos, aparece un enlace roto con la siguiente leyenda: José María Arguedas recibe el Premio Inca Garcilaso de la Vega (18/10/1968). Se trataba de una entrada del blog Huellas digitales del diario El Comercio, que estuvo activo hasta el 2016. Fuente: https://elcomercio.pe/blog/huellasdigitales/2013/07/dia-del-maestro-los-amautas-del-peru (última revisión: 18/10/2018)

    [iii] Arguedas, José María. “No soy un aculturado…”. Obras completas. Tomo V. Lima: Horizonte, 1983.

    [iv] Los premios “César Vallejo” se otorgarían por concurso para apoyar a los creadores jóvenes en literatura y periodismo. Escapa a los fines de este artículo hacer mayor comentario sobre estos premios, pero parece que fueron entregados antes del premio Garcilaso, lo que se deduce de la entrevista que le hace Winston Orrillo a JMA (Oiga N° 295. 18 de octubre de 1968.). Sus ganadores, en esa oportunidad, fueron Augusto Higa y Arturo Corcuera (Caretas N° 386, 20 de diciembre de 1968)

    [v] Premios literarios: “Garcilaso de la Vega” y “César Vallejo”. El Comercio. Lima, jueves 3 de octubre de 1968.

    [vi] Comunicado a la Nación. Oiga. Revista de actualidades, N° 292, 27 de setiembre de 1968.

    [vii] El estado y los premios culturales. Oiga. Revista de actualidades, N° 293, 4 de octubre de 1968.

    [viii] Letras vencidas. Caretas. Ilustración peruana. N° 382. Lima, 14-24, octubre, 1968.

    [ix] Idem.

    [x] Arguedas, José María. “No soy un aculturado…”. Loc. cit.

    [xi] Arguedas ganó el Premio “Garcilaso”. La Prensa. Lima, martes 15 de octubre de 1968. También: Otorgan premio Garcilaso a José María Arguedas por trascendencia de su obra. El Comercio. Lima, martes 15 de octubre de 1968.

    [xii] Premio “Garcilaso” recibe hoy Arguedas. La Prensa. Lima, jueves 17 de octubre de 1968. También: Entregan premio a J.M. Arguedas. El Comercio. Lima, jueves 17 de octubre de 1968.

    [xiii] Arguedas, José María. Cubapaq a Cuba. La Habana: Casa de las Américas, 2013.

    [xiv] Hoy entregan premio a José M. Arguedas. El Comercio. Lima, viernes 18 de octubre de 1968.

    [xv] Hoy: premio a José María Arguedas. Expreso. Lima, viernes 18 de octubre de 1968.

    [xvi] Jacqueline Kennedy tras cinco años de viudez se casará con Aristóteles Onassis. El Comercio. Loc. cit.

    [xvii] Jacqueline se casa con Onassis. Expreso. Loc. cit.

    [xviii] Jacqueline Kennedy. Idem.

    [xix] Nobel de Literatura 1968 fue concedido al escritor japonés Y. Kawabata. El Comercio. Loc. cit.

    [xx] Arguedas, José María. “No soy un aculturado…”. Loc. cit.

    [xxi] Orrillo Winston. Arguedas: premio Garcilaso. Oiga. Revista de actualidades. N° 295. 18 de octubre de 1968.

    [xxii] Carta de José María Arguedas a Pedro Lastra, Lima, 28 de enero de 1969. Cartas de José María Arguedas a Pedro Lastra. Santiago de Chile: LOM, 1997.

    [xxiii] Por ejemplo: https://www.saving.org/inflation/inflation.php o https://www.dollartimes.com/inflation/ o http://www.in2013dollars.com/

    [xxiv] Mario Vargas Llosa ya era un escritor reconocido internacionalmente, ganador de los premios Biblioteca Breve (1962) y Rómulo Gallegos (1967), entre otros.

    [xxv] Antonio Cisneros unos meses antes había ganado el primer premio del concurso de poesía de Casa de las Américas, con el poemario Canto ceremonial contra un oso hormiguero.

    [xxvi] Orrillo Winston. Loc. cit.

    [xxvii] Adelanto de su novela El zorro de arriba y el zorro de abajo aparecido en el segundo trimestre de ese año en el número 6 de la revista Amaru.

    [xxviii] Lauer, Mirko. ¿Qué pasa en el Boom? Oiga. Revista de actualidades. Loc. cit.

    [xxix] Escritor José M. Arguedas recibió ayer el Premio “Garcilaso de la Vega”. El Comercio. Lima, sábado 19 de octubre de 1968.

    [xxx] José María Arguedas recibió Premio “Garcilaso de la Vega”. La Prensa. Lima, sábado 19 de octubre de 1968.

    [xxxi] Arguedas, José María. “No soy un aculturado…”. Loc. cit.

    [xxxii] Ver nota 27.

    [xxxiii] Castro Arenas, Mario. Otro lauro para Arguedas. Siete días, suplemento de La Prensa. Lima, domingo 20 de octubre de 1968.

    [xxxiv] Ortega, Carlos. Y se hizo justicia: José María Arguedas premio Garcilaso 1968. Suplemento Dominical de El Comercio. Lima, domingo 20 de octubre de 1968.

    [xxxv] La Torre, Alfonso. Arguedas: sangre y agua. Expreso. Lima, martes 22 de octubre de 1968.

    [xxxvi] Carta de José María Arguedas a Lola Hoffmann, sin fecha. Las cartas de Arguedas. Lima: PUCP, 1998.

    [xxxvii] Carta de José María Arguedas a Alfredo Pita, sin fecha. Días de sol y silencio. Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2011.

    [xxxviii] Pita, Alfredo. Días de sol y silencio. Loc. cit.

    [xxxix] Arguedas, José María. “No soy un aculturado…”. Loc. cit.

    [xl] Westphalen, Emilio Adolfo. José María Arguedas (1911-1969). Amaru. N° 11. Revista de artes y ciencias. Diciembre 1969

    [xli] Degregori, Carlos Iván, ed. No hay país más diverso. Compendio de antropología peruana. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú : Universidad del Pacífico, Centro de Investigación : Instituto de Estudios Peruanos, 2000.

    [xlii] El estudioso italiano Antonio Melis publicó en 2011 un libro de estudios sobre la obra de Arguedas cuyo título también hace referencia al discurso: Poética de un demonio feliz.

    [xliii] Arguedas, José María. “No soy un aculturado…”. Loc. cit.

     

     

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