César Vallejo en los diarios parisinos de su época

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    El gran poeta César Vallejo, que vivió los últimos 15 años de su vida en Francia, tuvo una participación activa en el campo cultural y político. Presentamos a continuación un rastreo de las menciones en la prensa francesa de la participación de nuestro querido vate en dichos ámbitos.

     

    Por Roy Palomino Carrillo

    El rastro de Vallejo en Francia durante sus quince años de autoexilio puede conocerse principalmente gracias a su amplia correspondencia y al recuerdo escrito y oral que han dejado de él sus amigos cercanos y su amada Georgette. Sin embargo, existe otra huella de su permanencia y esta se encuentra en algunas viejas páginas del diario parisino L’Humanité. Vallejo fue siempre un hombre político, un militante contra el fascismo, sobre todo el español, y algunos de sus actos de protesta quedaron grabados en este diario. Pero también quedó registrada su actividad cultural: un conversatorio sobre Federico García Lorca, el poeta emblema de la década de los 30 en España.

    ¿Cómo encontrar estos fragmentos perdidos entre los miles de periódicos franceses de la época? La Biblioteca Nacional de Francia ha digitalizado casi la totalidad de la prensa francesa desde 1631 hasta 1945, es decir, millones de periódicos pueden ser ahora consultados en la página RetroNews.com. Entre ese océano de información aparece el personaje de César Vallejo entre los años 1935 y 1938, el último periodo de su vida.

    El nombre del poeta aparece exclusivamente en el diario L’Humanité (La Humanidad) que durante aquellos tenía una clara tendencia izquierdista y estaba ligado al Partido Comunista Francés. En la primera aparición, fechada el 15 de julio de 1935, Vallejo firma junto a otros intelectuales una nota de protesta contra el entonces reino de Bulgaria al que calificaban de fascista. Su nombre aparece por error bajo la nacionalidad española y el artículo lleva por título: “En el mundo entero las protestas se elevan contra el terror fascista en Bulgaria”. En él se describen los arrestos de inocentes, los golpes a los que son sometidos los acusados, las prisiones llenas de obreros, de campesinos y de intelectuales. También se les envía ánimos a los rebeldes de Koumaritza.

    En su correspondencia (PUCP, 2002) de aquellos días, las letras a sus amigos escasean. El único registro que queda es una tarjeta de visita del 16 de julio en el que no figura el año, pero que todo indica que habría sido escrita entre 1930 y 1935, en ella se lee un corto mensaje a Pablo Abril de Vivero: “Situación apurada. Envíe. Vallejo”.

    La segunda y la tercera publicación (19 y 21 de enero de 1937) en la que aparece Vallejo son dos invitaciones a un mismo evento: un conversatorio sobre Federico García Lorca, el poeta español que fue fusilado por el franquismo en 1936. El evento se realizaría el 21 de enero a las 20 horas 30 en la Casa de la Cultura de París, ubicada en aquella década en el 8 rue Faubourg-Poissonière. Participaron “el gran poeta peruano César Vallejo” junto al “gran poeta chileno Pablo Neruda”, dos faros actuales de la poesía latinoamericana. Sin embargo, en esos años la figura de Neruda tenía una mayor importancia, era un poeta completamente comprometido con el comunismo y era considerado un aliado enérgico y simbólico para América Latina. Por eso, en el pequeño anuncio del evento literario Neruda también goza de cierta deferencia, él sería presentado a su vez por el poeta y traductor de poemas en español Jean Cassou y por Robert Desnos, otro poeta francés que moriría luego en un campo de concentración.

    Vallejo y Neruda tuvieron desde el inicio serias diferencias por razones políticas, lo que creó entre ellos una fría amistad. Por ejemplo, en el célebre Congreso de Escritores Antifascistas se cuenta que Vallejo fue el único peruano que asistió al encuentro porque el encargado de entregar las invitaciones fue Neruda, eso provocó en Vallejo un estado de soledad. César Calvo recuerda otra anécdota de la misma fecha en la que el poeta español Léon Felipe vio a Vallejo completamente solo en una mesa de dicho encuentro, decidió acercarse al poeta peruano para hacerle compañía cuando de pronto fue interceptado por Neruda quien le dijo que evite a Vallejo porque era “un trotskista, enemigo de la revolución”. La respuesta de León Felipe fue mandar a Neruda “al coño de tu madre” y se sentó junto a Vallejo, lo mismo hizo el poeta Nicolás Guillén. Después Neruda matizaría esta actitud y escribiría una tierna carta de despedida luego de la muerte de Vallejo: “él vivía con la mente abierta, y su pensativa cabeza de piedra peruana recogía el rumor de Francia, del mundo, de España… Viejo combatiente de la esperanza, viejo querido”.

    Sobre el conversatorio poético, Vallejo no mencionó ningún detalle en su correspondencia. Sin embargo, en una carta a Juan Larrea enviada solo un día después del evento, le cuenta que estuvo hablando con Pablo Neruda y Delia del Carril, su segunda esposa. “Neruda y Delia están aquí desde hace varias semanas. Neruda me dice que va a Chile a reclamar el asunto de su puesto. Pero yo creo que su viaje no anda aún muy decidido”. Esta es una de las últimas cartas que se conservan de Vallejo. El nombre de Neruda ya no volvería a aparecer, los problemas económicos y de salud serían los temas centrales de su correspondencia.

    La cuarta aparición de Vallejo en L’Humanité se dio luego del Congreso de Escritores de Antifascistas, en un artículo publicado el 24 de julio de 1937 que resume los principales acuerdos a los que llegaron los escritores de 28 nacionalidades ante el avance del fascismo en Europa. Uno de los compromisos que se pactaron fue: “luchar por todos los medios que estén en su poder contra el fascismo que muestra abiertamente su rostro destructor”. La lista de los asistentes al Congreso es impresionante desde cualquier punto de vista, entre los escritores más destacados están: André Malraux, Thomas Mann, Bertolt Brecht, Aldous Huxley, Virginia Woolf, W. H. Auden, Cholokhov, Antonio Machado, Rafael Alberti, Ernest Hemingway, Malcolm Cowley, Pablo Neruda, Nicolás Guillén y, junto a todos esos monstruos, César Vallejo.

    No existen rastros de las impresiones de Vallejo sobre el Congreso de Escritores, salvo su propio discurso que ha sido conservado y difundido innumerables veces: “América ve, pues, en el pueblo español cumplir su destino extraordinario en la historia de la humanidad”. En su correspondencia lo que existe es una carta dirigida anteriormente a Luis Alberto Sánchez, el 26 de junio de 1937, en el que lamenta que Sánchez no pueda acudir al Congreso: “¿Qué ha pasado? ¿El tiempo te ha venido estrecho? ¿Contratiempos de última hora?”. En una carta anterior a Juan Larrea, el 11 de junio de 1937, también se hace mención al Congreso: “El Congreso, según dice, se hará el 2 de julio. Supongo que ya nos avisarán oficialmente. Yo no he recibido hasta hoy ninguna comunicación”.

    La última aparición de Vallejo en los diarios franceses es la más difícil de explicar. El 20 de agosto de 1938 apareció un artículo en el que se anunciaba las novedades de “El número de agosto de Commune”. Commune fue una de las revistas literarias más conocidas de la época, de clara tendencia izquierdista, y tuvo entre sus directores de redacción a André Gide, quien ganaría el Nobel de Literatura unos años después. Según L’Humanité, en esa edición se contaría con una colaboración de César Vallejo: “el arte extraño y atractivo del sentido César Vallejo”. No se menciona si la colaboración era un poema o un artículo, pero se menciona el título: “Pierre du soleil”. En español el nombre debiera ser Piedra del sol. Sin embargo, Vallejo no registra un poema con ese título. ¿Es que L’Humanité cometió un error y adjudicó un texto a Vallejo que no le pertenece? Difícil de creerlo porque el nombre del poeta peruano era bastante conocido para el periódico. Vallejo pudo, tal vez, traducir un poema suyo con la ayuda de Georgette y adjudicarle un nombre temporal que la versión española no contempla (al fin y al cabo sus últimos poemas casi no tienen títulos). Lo cierto es que no podremos estar seguros totalmente hasta revisar la revista Commune, una tarea aún pendiente para los vallejistas. En su correspondencia, el último rastro de su paso por París es una letra a Luis José Orbegoso, fechada el 15 de marzo de 1938, en ella se siente ya un ambiente de enfermedad y la llegada de lo inevitable: “Un terrible surménage me tiene postrado en cama desde hace un mes, y los médicos no saben aún cuanto tiempo seguiré así”.

     

     

     

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