Carlo Bordini: “Escribir un poema es como manejar una moto”

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Bordini durante la presentación de su antología titulada "Polvo". (Foto: Luis Rodríguez Pastor)
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Una conversación con el escritor italiano Carlo Bordini, para quien la poesía “es una bella dona, que cuando quiere viene a encontrarte”, y que cuando ésta llega “no hay que traicionarla”.

 

Entrevista y fotos por Luis Rodríguez Pastor

Pasó por Lima el poeta italiano Carlo Bordini (Roma, 1938), quien ha publicado por primera vez una traducción al español con su antología Polvo (Lustra, 2015). Conversamos con él acerca de este libro y de otros temas relacionados con la poesía.

 

¿Qué te trajo al Perú?
Es la tercera vez que vengo al Perú. La primera vez vine para participar en el primer Festival Internacional de Poesía (FIP), dirigido por Renato Sandoval. Me llevó Martha Canfield, me dijo: “Carlo, ¿quieres venir al Perú? Hay un festival, tengo que llevar a un italiano”. Le dije “Cómo no, seguramente”, y agregué: “Esa propuesta vale un Perú” [ríe]. Creo que el Festival de Lima es el mejor de América Latina en el que he participado, porque los poetas eran seleccionados bajo un buen criterio, había tiempo para leer, estuvo muy bien hecho, no tuvo algunos defectos que tienen otros festivales. En ese Festival conocí a la que ahora es mi mujer, que era parte del staff, Myra Jara, que todavía no había publicado sus poemas. Ahora es mi mujer, ella acaba de publicar su primer poemario en Lima, La destrucción es blanca (Lustra, 2015); y yo, también, acabo de publicar una antología, Polvo (Lustra, 2015), nombre del largo poema que abre el libro. Tengo una relación profunda con el Perú desde el punto de vista sentimental y desde el punto de vista literario.

Algunas cosas me han impresionado: la gran cantidad de jóvenes que escribe; el hecho de que exista una generación de jóvenes poetas de buen nivel, y también de jóvenes que escuchan poesía. Eso es una novedad respecto a mi país, donde los poetas son mayores y los jóvenes están atraídos por otras cosas más superficiales. Todo el consumismo de los gobiernos de derecha que ha tenido Italia por muchos años ha creado una situación en la que los jóvenes se han alejado de la cultura. Acá he encontrado una situación muy distinta; además, he tenido la ocasión de participar en la Maestría de San Marcos, dirigida por Marco Martos y Julio Fabián Salvador, en la cual he encontrado a mucha gente muy interesante, con la cual he tenido buenas discusiones. He encontrado un espíritu muy vivo en esta ciudad: muy buenas librerías, como Sur, como La Inestable, que es un milagro que exista.

¿Qué poetas has descubierto en esta visita?
He conocido muchos poetas jóvenes o relativamente jóvenes además de Myra Jara, que, independientemente del amor que le tengo, es una poeta muy buena. Por ejemplo, Victoria Guerrero, Bruno Polack, Mario Pera, Denisse Vega Farfán, y otros que, aunque con diferencia de edad entre ellos, son cercanos temporalmente, tienen mucha vida.

¿Qué otros aspectos del mundo cultural, literario, te han llamado la atención?
Por ejemplo, la existencia de una revista como Buensalvaje, que se entrega gratuitamente, la gran cantidad de librerías, el Mapa Literario de Lima… en general, creo que la cultura tiene más valor acá que en Europa, porque, aparte de las diferencias que hay entre cada país europeo (por ejemplo, Myra me dice que la poesía escandinava actual es muy buena), Europa es un continente viejo y semiparalizado, bastante egoísta, que trata de mantener sus “privilegios”, su riqueza, que va disminuyendo, mientras que me parece que en América Latina, aunque tenga muchísimos problemas, tiene un dinamismo mayor, es una sociedad dinámica. Por eso, la cultura es interesante, importante. Por ejemplo, participé en el Festival de Medellín, un fenómeno muy interesante: el amor que los colombianos le tienen a la poesía es realmente grande; yo le preguntaba a todos los que encontraba ¿por qué?, y todos me respondían con argumentos no literarios: porque nos ayuda a vivir, porque nos ayudó en momentos difíciles, cuando estaba el cartel de Medellín, es decir, todas expresiones ajenas a factores literarios. Eso, según mi impresión es una expresión de fuerza. Una vez se lo pregunté a un poeta colombiano que estaba allá, Ángel María Quintero, participaba también en el Festival. Estábamos almorzando y le dije frontalmente: ¿Por qué los colombianos aman la poesía? Y él me respondió inmediatamente: Porque la confunden con la esperanza.

Eso es un poema.
Exactamente. Amo ese modo de utilizar la poesía y la cultura como manera de salir de la barbarie, porque vivimos en un mundo que va hacia el abismo. Publiqué también un librito sobre poesía en América Latina, me lo pidió mi editor, que leyó un artículo y me dijo: “Carlo, tiene que ser un pequeño libro leído por los jóvenes”. Hice el pequeño libro, pero los jóvenes no lo leyeron.

Al menos no hiciste como el poeta venezolano Rafael Bolívar Coronado, al que le pidieron que haga una antología de la poesía boliviana y resultó un éxito, el problema era que todos los poetas eran inventados, pero nadie se dio cuenta, entonces le pidieron que haga otra antología, esta vez de poetas costarricenses.
Él hacía todo.

Era un esquizofrénico grave.
Como muchas personas [ríe].

Bordini 2A partir de lo que me cuentas quisiera preguntarte entonces para ti qué es la poesía.
Puedo darte muchas respuestas. Por ejemplo, seguramente la poesía es lenguaje concentrado. Pero hay, también, otros aspectos: la poesía es ritmo, música, rima… no sé el origen de la poesía, por ejemplo, uno de los orígenes es para recordar las cosas. La rima tenía una función de activación de la memoria. Por cierto, recuerdo algunos pequeños, no poemas, dichos con rima y métrica que se clavan en la memoria. Pero, también, por ejemplo —ahora digo cosas raras—, para mí escribir un poema es como manejar una moto, porque la moto se maneja con el cuerpo, tienes que cruzar, girar frases con tu cuerpo; y la poesía también sigue el ritmo del cuerpo, el ritmo de la respiración, y en ese sentido, una manera brutal de decirlo es que es como guiar una moto (utilicé esa frase ante unos estudiantes en una escuela). Pero la cosa principal, para mí, es que cuando yo escribo no sé lo que voy a escribir: comienzo a escribir, me viene una idea, una palabra, un verso, una frase, y después se desarrolla solo en cierto sentido; es decir, no escribo lo que yo sé: yo lo sé después de haberlo escrito o mientras lo estoy escribiendo.

Ayer, conversando, te dije una frase que te gustó: “La poesía no tiene horario”.
Sí, de acuerdo. La poesía no tiene horario, no tiene esquema, puede salir en cualquier momento. Lo que quiero subrayar es que, para mí, la poesía es partir de un lugar y no saber adónde voy a llegar, y cuando he llegado es “Oh, yo he escrito eso, yo he pensado eso, yo he sentido eso”, cosa que antes no sabía.

Ayer también hablamos de otro factor importante para la poesía, que es su maceración. Que la poesía se fermente, dejar que respire, no apurarla.
Estoy de acuerdo. La poesía hay que aceptarla: cuando llega, no hay que traicionarla. Sobre todo, no hay que traicionarla con ideas, como “lo que tiene que ser la poesía”, “lo que tiene que ser el poeta”, “lo que tiene que parecer un poema”: hay que dejarla libre, como en trance, en cierto sentido. Por eso, estoy convencido que yo no escribo: yo soy escrito. Yo no soy un creador, yo soy una creación; y la cosa más importante que he podido hacer es dejar que esa escritura se desarrolle sin ponerle obstáculos.

¿Me estás queriendo decir con esto que tú eres un poema?
[Ríe] No sé, ¿soy un poema? No sé. Nunca lo pensé.

Sería una figura atractiva, circular. Es una broma, por supuesto. ¿Cómo es tu ejercicio de escritura? A partir de lo que me dices, me interesa saber si existe para ti un método de escritura, cualquiera que este sea: de pronto escribes en una servilleta, acumulas tu sensibilidad y te sientas en la computadora…
Depende. No hay una regla fija. A veces, he pensado cosas, por ejemplo, “Polvo”, que algunos señalan como mi mejor poema, había estado pensando algunas cosas, después, una noche no podía dormir de ninguna forma, entonces me puse a escribir esas cosas que había pensado, y fue el comienzo del poema, que se volvió inmediatamente un plan: escribir una página hoy, continuar, y continué un año para terminarlo. Pero esa noche que escribí la primera página, que era como una semilla donde estaban potencialmente todos los aspectos, eso fue como una maceración que se define en palabras. Pero, a veces, hay también cosas distintas. Otra definición de la poesía puede ser esa: la poesía es una bella dona, que cuando quiere viene a encontrarte, tú no tienes que luchar, tienes que acogerla; ella viene cuando quiere…

Y se va cuando quiere.
Y se va cuando quiere. Tú tienes, simplemente, que aceptarla. A veces, si uno se pone “Ahora tengo que escribir un lindo poema” no funciona. Hay periodos en el que escribo, pienso en ello las veinticuatro horas del día, incluso cuando duermo; otras veces, no hay este ritmo, pero una cosa importante es dejarse escribir, dejarse amar por esa mujer y amarla.

Acabas de publicar con Lustra una antología de tu poesía, Polvo. Esta antología reúne cuarenta años de producción poética. ¿Cuál ha sido tu criterio de selección?
El problema es que cuando hago un libro de poemas considero los poemas como parte de un todo, como las piezas del mosaico. Trato de hacer un poema lo mejor posible, pero después trato de construir un dibujo con esos poemas, una unidad armónica, o lo más armónica posible, y cuido muchísimo el montaje. Con esta antología he encontrado dificultades porque decimos “Cada libro de poemas es el libro de una época de la vida”, entonces tiene cierta unidad, cierta coherencia interna, natural.

Bordini 3¿Qué determina la unidad de ese poemario?
No es un tema preciso. Son elementos temáticos que recurren más en un texto que en otro, que determinan diferencias de estilo. Por ejemplo, un libro que escribí, Piedra, que es un poema también, es un libro sobre la locura, escrito de un modo un poco loco; Polvo es un intento —a lo mejor más loco aún— de dar una interpretación de la vida, de considerar la posibilidad de renacer de nuestra destrucción. Son temas distintos. En la antología he tratado de unir las mejores cosas que he escrito, algunas de ellas, pero le faltaba esta unidad, y entonces… yo no estoy totalmente satisfecho del trabajo que he hecho en esta antología, porque, según mi opinión, una antología es un libro muerto, es decir, es un museo. Un museo es una cosa importante, pero el museo es un museo, es un conjunto de cosas muertas, a lo mejor de gran valor, que se pueden admirar, pero que tiene algo de frio, de artificioso. Espero que quien lea este libro me pueda desmentir.

He tratado de crear una armonía, es un libro con varios niveles, varios tonos, sobre todo varios tonos musicales. No estoy seguro si de esos tonos he creado una unidad armónica, los muy pocos que lo han leído hasta ahora (porque recién va a salir) le ponen el acento sobre todo EN la poesía social, política, pero yo no quería hacer eso.

Es un tópico recurrente en tu poesía, ¿no?
Sí, pero no es el único.

Pero es que por tu militancia has respirado política muchos años.
Sí, pero hay también un origen existencial en mis poemas, o si queremos decir, “romántico”, para comprender que no tiene que ver con la política.

¿La insatisfacción es connatural a tu producción?
Absolutamente. Cuando hago un libro siempre tengo la sensación de haber cometido un error. Después, cuando escucho las opiniones de los demás, me doy cuenta que el libro no era malo, pero la sensación inmediata, instintiva, es de fracaso.

¿Has intentado alguna vez buscar la utopía de la perfección?
He intentado sin lograrla. He intentado no solo sin lograrla, sino arruinando las cosas que escribía, haciéndolas menos buenas.

Frustrando la calidad que ya tenían.
Exacto. Creo que la perfección coincide con la imperfección. Por ejemplo, los arquitectos románicos que hacían esas catedrales tan bellas, tan espirituales, hacían siempre la parte derecha un poco distinta de la parte izquierda, porque decían que la perfección solo podía regentarla Dios. Y puede ser que sea esta variedad, esta asimetría la que crea la fascinación del románico.

Hablábamos hace un rato de Woody Allen y me citaste una frase que me causa gracia: “Cada vez que escucho a Wagner me dan ganas de invadir Polonia” [tomado de la película Misterioso asesinato en Manhattan (1993)]. Me acordé de otra frase de otra película de Woody Allen, mi favorita, Desmontando a Harry (1997): “Tú pones arte en tu obra, yo pongo arte en mi vida”. ¿Tú has intentado poner poesía en tu vida?
Creo que no. Creo, por lo que recuerdo, que no. Pero, seguramente, si alguna vez he tratado de poner poesía en mi vida, he fracasado, porque el narcicismo no tiene ningún valor, y uno que piensa hacer de su vida un poema es un narciso, y le falta verdad. Pensar hacer de su vida un poema es una mera exhibición.

Pero no necesariamente hacer arte de tu vida implique algo convencionalmente estético. Pienso que casarse con una mujer cincuenta años menor es un poema.
Sí, es un poema no programado. Todo tiene su sentido: la soledad tiene su sentido, el amor tiene su sentido, y esta relación tiene su sentido.

 

 

Para ver las fotos de la presentación de Polvo de Carlo Bordini en el Instituto Raúl Porras Barrenechea, hacer click aquí

 

 

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