Balance de la 22ª Feria Internacional del Libro de Lima

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    La asistencia a la feria fue masiva, especialmente en los últimos días. (Foto: Jaime Cabrera)
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    Comentarios sobre la edición 2017 de la Feria Internacional del Libro de Lima, a la cual, según la Cámara Peruana del Libro, han asistido 547,300 personas, casi diez mil más que el año pasado.

     

    Por Jaime Cabrera Junco

    Si me piden mi opinión sobre la Feria del Libro, diría que definitivamente es mucho más importante que exista a no tenerla. Si me piden que sea más preciso, diría que si bien los precios de los libros no han sido mayoritariamente atractivos, la feria es un espacio para encontrar y escuchar a autores de ficción, así como a profesionales del campo del libro y la lectura. Calificarla como la mejor feria de la historia es demasiado entusiasta, pero sería injusto obviar lo positivo que se ha hecho en esta edición que acaba de culminar.

    Para quienes asisten de manera consecutiva a la FIL, pocas cosas le deben han llamado la atención en cuanto al espacio. Es cierto que se ha mejorado la acústica en los auditorios y también en la calidad y limpieza de los servicios higiénicos portátiles. Sería necio si no reconociera que en esta edición 22 hemos visto reunidos a escritores que antes no venían. Si solo pensáramos en el costo de la entrada de 7 soles y dejáramos de lado las actividades como conferencias, presentaciones o actividades musicales, pues ir a la feria no era “negocio”. Las presentaciones de Richard Ford, Juan Villoro, Leonardo Padura, Margo Glantz, Laurent Binet –por mencionar algunos–, bien que han valido la pena. Ahora, el diseño del programa y la temática de los conversatorios tienen que mejorar. Me ha quedado la impresión que no se le ha sacado el provecho a México como país invitado de honor. Quizás con una línea temática se hubiera tenido una visión más integrada del programa y así también hubiera sido atractivo asistir a las mesas sin necesidad de esperar algún rostro conocido. Las presentaciones de novedades de libros, necesarias y entendibles en un contexto de feria, así que nada que objetar allí.

    Decía que sería un exceso de entusiasmo calificar a la FIL 2017 como “la mejor de la historia” aun cuando los reportes oficiales señalan que hubo una asistencia de 547 mil 300 personas en estas dos semanas de actividades, casi diez mil visitantes más que en 2016. Me consta haber visto muchísima gente especialmente los feriados de Fiestas Patrias y los dos últimos días de feria. La posibilidad de comprar las entradas por Internet fue la novedad de este año aunque pocas personas parecieron estar al tanto y, por momentos, las colas se volvieron interminables. En cuanto a ventas, la Cámara Peruana del Libro reporta que se recaudaron 17 millones 600 mil soles, un 23% más que en la última edición. El corte de electricidad en parte del recinto ferial en el penúltimo día fue una situación que incomodó mucho, además, por supuesto de los vendedores, a los invitados nacionales e internacionales que tenían presentaciones en los auditorios. Una falla por saldar para el próximo año.

    Muy saludable, de otro lado, la producción de las editoriales peruanas, especialmente de los sellos independientes. El rescate de la obra de Pilar Dughi, tanto su novela Puñales escondidos y sus cuentos completos, editados por Cocodrilo Ediciones y Campo Letrado, respectivamente, es digno de felicitación. Así también destacaron la edición de la poesía completa de Emilio Adolfo Westphalen (Sur Librería Anticuaria) y el teatro completo de Julio Ramón Ribeyro (Revuelta Editores). Para evitar omisiones involuntarias destacaré la presentación de las nuevas publicaciones de autores peruanos –naturalmente tanto hombres y mujeres-. Eso evidencia la diversidad de propuestas literarias que es necesario tener en cuenta y valorar desde la crítica.

    A pesar de que ya se ha hecho costumbre que la feria se realice en el Parque de los Próceres de Jesús María no debemos olvidarnos de la necesidad de contar con un centro de convenciones idóneo para este tipo de actividades. Tenerlo siempre en agenda será también una manera de crecer no solo en cifras.

    El próximo año el país invitado de honor será España y desde ya esperamos la presencia de nombres que tienen que estar. Enrique Vila-Matas, Fernando Savater, y siguen más…además, de algún Nobel, cómo no. Sin ser adulones, pero tampoco críticos sin razón, nosotros queremos que la Feria del Libro de Lima mejore, todo esto por los lectores y por el espíritu de fiesta que debe tener toda feria.

     

     

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