Austin, Texas 1979: Una historia con sangre

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Presentamos una acuciosa reseña de la novela Austin, Texas 1979, del escritor Francisco Ángeles. Estamos ante una obra que, en palabras de Lenin Pantoja Torres, «el lector siente como un golpe no solo al corazón, sino al cerebro”.

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Por Lenin Pantoja Torres

¿Los grandes libros lo son porque hablan de los “grandes temas”, de los tópicos “elevados” y “relevantes”? ¿Un libro es bueno solo si desarrolla un tema “importante”? De ser así, ¿cuáles son esos ejes temáticos relevantes?, ¿quién los establece?, ¿qué características se toman en cuenta para considerarlos como tales? Desde hace mucho tiempo, los narradores latinoamericanos vienen produciendo una literatura que reflexiona sobre temas que, a priori, parecen fundamentales para el desarrollo histórico de la sociedad, como es el caso de la violencia política en todas sus variantes. Esta reflexión a nivel literario ha provocado una monopolización temática, la cual ha estimulado una suma de productos atrapados en lugares comunes y en la repetición infructuosa, por bastante obvia, de mensajes sociales completamente predecibles y efectistas. En este contexto, también ha obtenido un gran desarrollo la novela de lenguaje, aquella que deja en un segundo plano los componentes vinculados a la historia para perfeccionar la materialización del estilo, del buen decir o de una prosa prolija. El panorama es más complejo, pero las variantes antes mencionadas han propiciado un conjunto de publicaciones monótonas, infructuosas y predecibles.

En medio de esta situación, casi a modo de respuesta, ha aparecido Austin, Texas 1979 (Animal de invierno, 2014), la segunda novela de Francisco Ángeles, un libro que, desde su concepción, propone una novela como relato íntimo no a partir de la subjetividad sentimental de los protagonistas, sino desde una perspectiva crítica, reflexiva y racional. De esta forma, Austin, Texas 1979 construye una historia sentimental a través de la visión aguda y perspicaz del protagonista, lo cual no disminuye la intensidad producto de la racionalización de lo íntimo, sino que la complejiza constantemente.

 

I

Austin-Texas-1979-portadaPOST2La segunda novela de Francisco Ángeles narra un conjunto de historias vinculadas a la vida de Pablo. El motor de la trama es el fracaso matrimonial de este narrador, lo cual posibilita la aparición de un psiquiatra y la historia de su hija Adriana. Asimismo, esta búsqueda de respuestas para enfrentar sus problemas personales confrontará a Pablo con la vida de su padre y la posición que tiene su propia existencia a partir de las decisiones que tuvo que tomar su progenitor en el pasado. El libro está dividido en tres partes, cada una narrada con una intensidad emocional inusitada, tan fuerte que sorprende mucho que no caiga en efectismos. Esta tensión narrativa nunca decae y jamás proporciona concesiones al lector, pues no nos deja respirar, nos mantiene expectantes frente a lo que puede ocurrir. Las constantes reflexiones del protagonista están bien engarzadas con los acontecimientos, de tal forma que no se produce un enfriamiento de la historia al racionalizar lo vivido. En este punto radica la diferencia del libro con otras variantes peruanas y latinoamericanas que han explorado la intimidad de los personajes o que han subjetivado el desarrollo de toda la novela. Por ejemplo, la narrativa íntima de los noventas no logró plantear un producto que trascienda las fronteras existenciales de los personajes. Ángeles supera esta cuestión a través del nivel de empatía que genera la historia del protagonista. Las historias se conectan rápidamente con el lector al extremo de hacernos creer que esta también pudo ser nuestra historia.

A lo largo de sus tres partes, la novela cuenta fragmentos donde se narran hechos relativamente dispersos, retazos argumentales que le confieren sentido a varios pasajes a partir de momentos casi imperceptibles que matizan fuertemente lo que se viene desarrollando en las partes centrales. La importancia de estos momentos radica en que conforman una especie de caja de resonancia desde donde todo sale y hacia donde todo vuelve. Parece que la novela fue escrita a partir de estos pequeños instantes que le dan sentido a muchos de los pasajes del libro. Como para dejar sentada la importancia de estos fragmentos, uno de ellos plantea una idea que podría ser la poética que organiza la novela. Luego de terminar la primera parte, y antes de iniciar la segunda y más importante, Pablo dice lo siguiente:

Izquierdo me dijo que sangre es lo que se necesita para escribir
sangre es lo que quiere ver derramarse entre las líneas cada vez que abre un libro
pensé que eso es precisamente lo que tengo que hacer
una cuchilla, una herida breve y profunda
y después mirar el punto rojo y su mínima erupción
y después sentir la humedad corriendo por la piel
y después un torrente incontenible
durará veinte o treinta páginas
no necesito más
no quiero más (p. 78)

Se trata de entender la novela como un derramamiento de sangre, la literatura como una explosión emocional y sentimental de la vida. Este punto no resulta novedoso, pero lo importante y distintivo de Austin, Texas 1979 es que el tratamiento envuelve a la historia de una atmósfera enrarecida que evita el efectismo o el excesivo sentimentalismo. Este ambiente cargado, donde no se puede precisar qué es exactamente ese halo que acompaña el desenvolvimiento de los personajes, ya lo hemos visto en La línea en medio del cielo (2008), una novela que todavía no ha sido valorada en su más justa dimensión, la cual, con marcadas diferencias temáticas y de perspectiva estructural, tiene muchos aspectos perfeccionados en esta última entrega del autor.

 

 

II

Austin, Texas 1979 desarrolla muchos ejes temáticos que se van desenvolviendo a lo largo de sus ciento cuarenta páginas. Extensión precisa, exacta, hecha a la medida de una novela que parte del fracaso personal y sus múltiples conexiones para redondear una historia que el lector siente como un golpe no solo al corazón, sino al cerebro. Sin duda, el fracaso es el factor que organiza los movimientos de los personajes. Pablo busca ayuda psiquiátrica porque su matrimonio no funcionó y por eso quiere encontrarle un sentido a lo ocurrido. Esa búsqueda es iniciada por una decisión, por terminar su relación con Emilia, su esposa. Sin embargo, cuando Pablo trata de aceptarlo, sus reflexiones problematizan aquello que no termina por asumir, lo cual lo sume en una confusión que alimentará la búsqueda de explicaciones racionales: “Y entonces allí, mirando en el espejo a esa persona que estaba a punto de extinguirse, empecé a llorar por la decisión que iba a tener que tomar, pero que en realidad no era exactamente una decisión” (p. 27). Todos los personajes deciden, pero no se trata de decisiones insustanciales, sino vitales. Cada vez que alguien asume y acepta las implicancias de sus actos, la novela se vuelve tensa a partir de momentos bisagra, instantes en que todo cambia, en que se produce un giro que sume al relato en una serie de acontecimientos que no terminan ni se detienen.

PacoAngelesPost3Austin, Texas 1979 no solo es una novela íntima escrita desde una perspectiva crítica, sino también propone un componente político, aunque no llegue a desarrollarlo. La segunda parte de la novela, la más importante para el desarrollo de la historia y la mejor en términos literarios, nos sugiere la idea de pensar la política a partir de algo distinto al impacto que dejó Sendero Luminoso en nuestra historia social. La novela no lo desarrolla, pero una lectura que se fije en los traumas psicosociales que haya podido dejar el pasado, a modo de influjo, en el padre de Pablo sugiere que podemos llegar a pensar en aquellos errores conceptuales, en aquellas fallidas lecturas que condicionaron el proceder particular de los diversos intentos revolucionarios. En este sentido, ¿qué es la presencia de Sendero Luminoso sino una actuación equivocada a partir de una errada lectura de la realidad? No debemos lamentarnos de lo que está bastante claro, debemos reflexionar sobre la distorsión interpretativa que influyó en la época del terror. El caso del padre de Pablo marca no solo una línea creativa, sino crítica para pensar y reflexionar sobre lo que entendemos por política, una reflexión basada en las razones del terror, no en sus bastante claras consecuencias.

 

 

III

La novela de Francisco Ángeles no esquiva los simbolismos ni deja de lado la importancia de las múltiples interpretaciones a partir de una misma situación. En ese sentido, no diré mucho acerca de la importancia de la figura del conejo, pero sí resaltaré el mecanismo eficaz para colmar de importancia un hecho cotidiano o natural, incidental o anecdótico, como el que se narra al final de la novela. Además, los influjos de Ángeles no solo son literarios, sino sobre todo cinematográficos, lo cual se evidencia en muchos pasajes de la novela. Mención aparte merece la escena final, un flashback que matiza todo lo narrado al extremo de envolverlo en un sentimiento de pánico o terror por el contraste entre todo lo que ocurrió y lo que nadie predijo que sucedería porque todo estaba colmado de felicidad y esperanza. En este momento, la figura del conejo adquiere una importancia metafórica que apertura el entendimiento de la novela a un nivel superior. En ese sentido, ¿es posible universalizar lo cotidiano? ¿Es más difícil hacer algo grande a partir de lo insignificante de una existencia? En muchos casos, ¿acaso la elección de los temas “importantes” no es un indicador de la necesidad e ineficacia creativa de muchos escritores para ganar créditos previos? Sin duda, la calidad literaria hace grande cualquier tema. Sin embargo, ¿no se gana cierta aceptación preliteraria al elegir un tema cuyo impacto social está garantizado? Austin, Texas 1979 toma el camino más complicado y sale airoso.

Ángeles logra decirnos que no se necesita hacer literatura con los mismos tópicos de siempre. No se trata de destruir todo tipo de vínculo con la tradición, en la cual también se enmarca esta novela, pues tiene muchas conexiones con textos importantes de nuestra literatura. Incluso, como lo remarqué antes, este libro queda insuficientemente valorado si solo lo situamos dentro de nuestra propia tradición, ya que Austin, Texas 1979 dialoga con novelas de autores como Castellanos Moya, con productos artísticos que no solo se preocupan por contar una buena historia, sino también problematizar lo establecido, proponer nuevas líneas creativas y cuestionar lo hegemónico. Si seguimos aplaudiendo una literatura convencional, no dejaremos de seguir reconociendo acríticamente la grandeza de autores que hace cincuenta años estuvieron en lo más alto y que ahora, por comprender erróneamente eso que denominamos respeto literario, seguimos alabando como lo mejor de nuestra literatura. En ese sentido, Austin, Texas 1979 es una novela que cuestiona la importancia misma de la literatura, que reconfigura la pertinencia de la temática actual y que desconfía de los presupuestos tradicionales de la novela en el siglo XXI.

 

 

 

Lenin Pantoja Torres (Lima-Perú, 1988). Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Formó parte del comité organizador del Concurso de Cuento y Poesía Manuel Scorza, de las tres jornadas iniciales de los recitales Ese puerto existe, también del Congreso sobre Literatura y Violencia Política, Homenaje a Óscar Colchado Lucio. Se desempeñó como orientador en la Casa de la Literatura Peruana. Ha colaborado con textos sobre literatura y cine en los blogs Germinal y Textura artefacto. Actualmente se desempeña como docente en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Asimismo, es administrador de la Bitácora de El Hablador y miembro del comité editorial de la revista virtual El Hablador.

 

 

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