Ariana Harwicz: “’Degenerado’ fue la novela que más me costó escribir”

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La escritora Ariana Harwicz es una de las invitadas para la edición 25º de la Feria del Libro de Lima. (Foto: Hugo Passarello Luna/Infobae.com)
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Conversamos con la escritora argentina Ariana Harwicz, quien radica en Francia y será una de las participantes en la Feria Internacional del Libro de Lima 2020. Ella nos habla de su última novela Degenerado (Anagrama, 2019), de sus intereses narrativos, así como de sus próximos proyectos literarios.

 

Por Ricardo Flores Sarmiento

Son la 1 a.m. en Francia, donde reside desde el 2007. Ariana Harwicz nos contesta después de haberte tenido otra entrevista en el marco de la promoción de la Feria Internacional del Libro de Lima 2020. Desde la publicación de su primera novela Mátate, amor (2012) su obra se ha abierto camino entre los lectores y la crítica por su voz narrativa que subvierte estereotipos familiares, las relaciones madre e hijos, con un tono punzante y un lenguaje por momentos líricos. Esto también se ve reflejado en sus novelas La débil mental (2014) y Precoz (2015), donde a un ritmo estremecedor y a través de un monólogo continuo, las narradoras van cuestionándose su realidad. Todas estas novelas son perturbadoras, escarban en la normalidad y nos presentan su otro lado.

En su más reciente novela Degenerado (Anagrama, 2019), da un vuelco y se distancia en la temática de sus primeras obras. Sin embargo, mantiene el ritmo estremecedor y el ambiente perturbador. Harwicz nos sitúa dentro de la cabeza de un pedófilo acusado de matar a una niña. Este hombre trastornado y sin empatía es llevado a un tribunal, y a través de un soliloquio va desentrañando sus motivaciones.

Hace tres años cuando viniste a Perú a presentar La débil mental, comentaste a esta página que estabas escribiendo una novela que se iba a llamar Racista, por lo que se pude deducir que esa novela terminó siendo Degenerado, ¿qué cambió para que esa idea inicial vaya hacia a otra mirada? 
Es cierto se iba llamar Racista y era sobre un personaje que había cometido un crimen de índole racial. Como pasa con la escritura que es incontrolable y uno no lo puede dominar por suerte. Me parecía que ese crimen con la violencia que hay quedaba muy débil, no porque el racismo no sea un gran crimen, pero para mi visión de la violencia me parecía que necesitaba ir a los más grosero, a los más abyecto, hacia lo más radical y me pareció que el crimen sexual y más en esta época es por antonomasia el crimen más aberrante y más hacia un niño.

 

En Degenerado a diferencia de tus tres novelas anteriores es un narrador hombre desequilibrado, que mira la realidad de una manera trastocada, quería saber si para trabajar este personaje realizaste algún tipo de investigación.  ¿O cómo fue que brotó él?
Fue bastante difícil, fue la novela que más me costó escribir, porque en las anteriores, la acción venía a mi cabeza e iba corriendo ahí como al galope de un caballo, escribiendo. Las escenas venían, las imágenes, los diálogos, pero en Degenerado no, fue como componerla de a cuadros, de a monólogos, es un discurso frente a un tribunal, entonces fue como componerlos por discursos políticos. Fue muy duro, muy difícil, además, la voz de un hombre nunca había escrito, fue mucho más trabajo, mucho más doloroso, también más difícil.

 

Esta novela a pesar de no tener tan presente la relación de madre-hijo, está internamente, en su monólogo habla de su madre cada cierto tiempo…
Sí, al principio pensé que no iba a ser un libro sobre la maternidad, que no lo es, que no iba tener esa importancia de lo maternal, de lo filial, ese amor, pero también ese odio, de esa violencia de la maternidad, pensé que no iba a estar, que se traba de otro tema y resulta que como pasa a veces, subyacentemente, de manera muy subterránea, resulta que está la trama secundaria de él y sus padres, y sobre todo de él y su mamá viejitos. Me di cuenta de que ahí estaba la otra dimensión de este hombre acusado. Él drama con su madre, el drama privado, ahí son como escenas muchas más íntimas.

 

Mientras investigaba para esta entrevista encontré que comenzaste escribiendo Degenerado en francés y luego decidiste por el español, ¿cómo fue eso?
Sí, es verdad. Otra cosa que pasó, ahí te das cuenta de que fue realmente ardua y difícil de escribir, que no fue como sentarse ahí y tocar el piano como en las anteriores, como que fluía, no solo no se llamaba Degenerado, era un crimen racista, era un profesor, que los alumnos acusaban de racista y la escribí mitad francés y mitad español argentino. Iba y venía, primero era un capítulo en una lengua y otro en otra. Pasé por todo un periodo de experimentación de los dos idiomas como quien hace muchos bocetos de un cuadro. Al final todo lo reescribí en español, pero quedó la lengua extrañada.

 

¿Cuáles son tus disparadores para comenzar a trabajar una novela? Una imagen, una frase…
En el caso de Mátate, amor, un estado anímico, un estado mental mío, un estado del alma, un estado de cuestión, en ese momento qué es lo que te quita el sueño, qué te angustia, cuál es la obsesión. Más allá de eso, tiene que haber un hecho puntual: una imagen, un suceso, pero también tiene que haber algo que parta de la vida. No puede ser solo conceptos abstractos, tiene que haber algo que lleve a la novela, en Mátate, amor fue una imagen y en La débil mental también.

 

Y en Degenerado
Fue la más abstracta, la más conceptual, y en el peor de los sentidos, además, son todos como alegatos. En Degenerado, creo que era la necesidad de ser un hombre, de salir de lo femenino. Y también tuvo que ver con los atentados terroristas que hubo en Francia en 2015, que los viví bastante de cerca y generaron esa noción de odio que se expandió en la novela, así que fue el odio la que la incitó.

 

¿Qué te interesa plasmar a ti en tu escritura? Siento que el ritmo, la respiración es muy importante, en tus obras, la voz…
A mí lo que me importa es tratar siempre de ir a ver lo que está oculto. Cuanto más estilo, originalidad, profundidad pueda haber en la forma, cuanto más hallazgo pueda encontrar, en una palabra, en un giro, o cuanta más música pueda tratar de encontrar en el texto, mejor, pero lo que más me importante es ir al fondo de algo. Para mí escribir es como cavar con la pala en la tierra. Ir siempre a ver eso que está, pero no se ve, ir corriendo para ver detrás del decorado. Esa pulsión de ir a ver detrás de.

 

En tu columna “Editores y escritores de rodillas”, publicada en El País, comentabas sobre algunos pedidos editoriales a autores para quitar de sus obras partes incómodas y que luego tienen que pasar por una revisión de un abogado para evitar juicios, ¿para ti hasta qué punto debe marcar lo políticamente correcto la escritura de un autor u autora? O rotundamente no debería hacerlo. 
Es algo que pasa y aunque uno lo diga, al que no le conviene no lo va a escuchar. Hay mecanismos más sutiles que decirte esto no lo publiques, el autor mismo se autocensura. Hay bajadas de líneas, hay lineamientos, y por qué no corriges esta oración, mejor este capítulo no, hay modo de hacer que el autor conceda cosas, empiece con una concesión, con una palabra, una expresión y ahí se van lavando los libros, se van sacándole lo peligroso que pueden tener. Quedan inofensivos. Alguien decía, que es una época muy paradójica para el arte, nada escandaliza: puedes matar a alguien, poner a alguien defecando, a un bebé muriendo, se ha hecho todo en las artes plásticas, nada escandaliza, pero a la vez todo escandaliza, cualquier cosa que pones ya pareciera ser políticamente incorrecta, ser machista, hacer apología del crimen, en los cuadros también. Y como se confunde el autor con la obra es también otro problema.

 

Quería consultarte por este periodo que estamos viviendo, por la pandemia, a ti como escritora cómo te ha afectado, porque muchos escritores no han podido leer, otros han dicho que no se podían sentar a escribir, ¿cómo has vivido este tiempo?
Mientras estuve encerrada pude escribir un librito de conversación que va a salir en Mardulce, este año o el año que viene, que se llama Desertar, y que es una conversación con Mikaël Gómez Guthart, un traductor franco-argentino, sobre ser inmigrante, la lengua del inmigrante, la lengua del escritor, cambiar de idioma, cambiar de lengua. Escribir ese librito me salvó, porque si no me hubiera deprimido muchísimo.

 

Me contabas que has estado trabajando un libro que va a salir pronto, tiene algún otro proyecto o este es el proyecto que te tiene pensando y trabajando…
Este librito que es muy breve, como todo lo que escribo, son conversaciones no académicas. No es un ensayo clásico, sobre otros temas, espero que sea algo que pueda ayudar a pensar un montón de cosas de la lengua, este ya sale, pero lo que pienso hacer todo el tiempo que venga ahora, no lo divido en años, porque ya no tenemos años, es escribir una novela sobre el divorcio sobre como si fuera una novela del siglo XXI, pero con moral del Siglo XIX, como meterme un poco en el drama de una pareja que se divorcia, pero no en un estilo realista, no en un género realista, no sé como si fuera la continuidad de Mátate, amor, qué pasa después…

 

Para cerrar, en Lee por gusto, hay una tradición de preguntarle a los autores por cinco libros que podrían recomendar a nuestros seguidores, pueden ser cinco títulos importantes para ti…

Poesía de Gérard de Nerval. Me gustan todos los románticos franceses y todo el malditismo. Para un narrador o novelista, no importa que nunca escribas poesía, que tu estilo no sea muy poético, es fundamental ir hacia la poesía.

Cuentos de Katherine Mansfield. Me parece que tiene una escritura que no solo Virginia Woolf le envidió, sino que yo también le envidio. Es una escritura terriblemente singular siendo ella muy joven. Una escritura de observación del alma humana.

Cuentos de Antón Chéjov. Para mí que quería ser dramaturga, escribir teatro, los cuentos de Chéjov son como mini obras de teatro.

Si esto es un hombre, de Primo Levi. Me parece fundamental que cualquier escritor lea filosofía o lea sobre la historia. A veces me preguntan por novelistas, y yo lo que más aprendí o traté de aprender para escribir, es partir de escritos más filosóficos, de ahí saqué la voz, por ejemplo, de Degenerado.

Pequeño mundo ilustrado, de María Negroni. Son como unas misceláneas, observaciones, divididas en pequeños capítulos muy breve llenos de citas, porque citar también es un arte.

 

Dato

  • Ariana Harwicz participará en la mesa Tres narradoras conversan en la Feria Internacional del Libro de Lima, que se desarrollará el sábado 5 de setiembre del 2020, a las 3:00 p.m.

 

 

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