Alejandro Neyra: “No uso el humor para burlarme de la tragedia”

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Alejandro Neyra trabaja actualmente como agregado cultural en la embajada peruana en Santiago de Chile. (Foto: Handrez García)
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Una novela en clave de humor sobre el Perú de 1985 es la que nos ofrece el escritor y diplomático Alejandro Neyra a quien entrevistamos a propósito de esta segunda entrega de las aventuras del espía Malko Linge. Este personaje, en colaboración con un joven diplomático peruano, tiene como misión ponerle freno al impetuoso y joven presidente de esa época. Sí, a Alan García.
 

Por Jaime Cabrera Junco
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El humor tiene una lógica sutil, nos permite ver desde una perspectiva simplificada aquello que nos pasó. El Perú de 1985 era un país en permanente alerta. A la crisis social y política por el accionar senderista, se sumaba la tambaleante situación económica. En esa coyuntura, un joven y apuesto diputado de 35 años llegaría al poder. Estamos hablando de Alan García Pérez, quien aparece como uno de los protagonistas de esta novela de espías que nos ofrece el escritor y diplomático Alejandro Neyra (Lima, 1974). CIA, Perú 1985. El espía sentimental (Estruendomudo, 2015) es el título de este libro que nos lleva aquellos escalofriantes años 80, y, en clave de parodia, retoma las aventuras del espía Malko Linge, quien regresa al país con una misión específica: contener al impetuoso mandatario peruano que había empezado su gobierno con un claro discurso antisistema.

La novela tiene un ritmo frenético, se lee con una fluidez tal que solo es interrumpida por las carcajadas que provoca. Hay muchas situaciones disparatadas y lo curioso es que algunas de ellas realmente ocurrieron. Como es curioso también que un país en una situación dramática tuviera como programa televisivo líder en sintonía a Risas y Salsa. Hay una postura del autor de abordar este periodo crítico de nuestra historia con humor, la cual no es una burla a la situación crítica, sino una mirada fresca de esa etapa. Estamos, entonces, ante una apuesta distinta en la novelística peruana. Y en esta entrevista queremos que el autor nos la explique.

 

¿Cuál es la diferencia entre un diplomático y un escritor? Se dice a manera de chiste que la diplomacia es el arte de mentir con elegancia
(Ríe) Lo es en gran medida (vuelve a reír). La tradición entre escritores-diplomáticos es permanente y, según algunos, la diplomacia es una de las profesiones más antiguas del mundo y siempre ha estado vinculada a la palabra. El símbolo del diplomático es el dios Mercurio y nuestro trabajo permanentemente es con la palabra. Yo he estado vinculado con la palabra siempre y esto nos obliga a pulir cierta forma de comunicar, que es algo que también hace la literatura. La literatura y la diplomacia son dos formas de engaño (ríe), hay en ellas un juego de símbolos, y las palabras ayudan a canalizarlos.

La última vez que conversamos dijiste “La literatura para mí es juego, tengo un trabajo serio que es el de ser diplomático”. ¿La literatura es como un escape?
(Ríe) La literatura para mí sigue siendo juego. En la literatura, felizmente, no hay límites. Depende de ti cuál es el límite final para hacer las bromas o para hacer una parodia de novelas de espías o ponerle el tono irónico de los personajes. La verdad es que me divierto mucho escribiendo, lo disfruto. No solo por el hecho de escribir en sí mismo sino también el hecho de investigar e ir cotejando el material de archivo de esa época con mis propios recuerdos.

PortadaCIAPeru1985AlanAbimael Guzmán estuvo en la portada del libro anterior, ahora Alan García (los dos por coincidencia AG). ¿Cómo surge esta secuela de CIA, Perú 1985?
Bueno, para hacer novelas de espías se tiene que continuar. Así como James Bond tiene una saga y en la novela negra ocurre lo mismo. En el primer libro aparece la CIA tratando de entender qué es lo que pasaba en el Perú con Sendero Luminoso, y en esta segunda parte Estados Unidos está preocupado ahora por la llegada al poder de un joven presidente con un discurso antiestablishment, lo cual ocurrió en la realidad. El personaje clave es Alan García, quien es mi personaje favorito en la ficción, no en la realidad (risas).  Y está el factor que llama la atención a Estados Unidos: cómo en un mismo país al mismo tiempo aparecen dos líderes mesiánicos, uno que quiere conquistar el poder para cambiar el país y otro que lo ha conquistado, que es más alucinante todavía.

De quien, además, se ha dicho mucho y hay algunos mitos sobre las ‘locuras’ que hacía por las noches
(ríe) Sí, sobre el cual se decía que salía en moto, que era un ‘womanizer’ (mujeriego), y hacía cosas que otros no hacían, salir por las noches, invitar a la gente a Palacio, un contraste radical como Fernando Belaunde.

La novela comienza con la siguiente frase: “La gente cree más en la ficción que en la propia realidad”. ¿Crees lo mismo?
Creo que los textos académicos que explican un fenómeno tienen un alcance limitado a la gente, mientras que la ficción permite no solo centrarse en eso sino ver todo lo que está pasando. Si algún añadido tiene la novela es el de darte un ambiente de época.

En tu anterior novela y en esta hay una forma distinta de abordar un periodo crítico de nuestra historia. En las novelas  sobre la memoria, el humor, la parodia no aparece. ¿Cómo debe enfrentar el lector tu novela?
Por suerte la primera novela fue bien entendida, es decir, yo no uso el humor para burlarme de la tragedia. Eso sería absurdo e inhumano. Utilizo el humor para que la gente se involucre en la historia y porque es parte de la vida cotidiana. Sobre todo porque si hay una capacidad sobrenatural (ríe) que tenemos los peruanos es de reírnos hasta de las cosas más trágicas. Así como hay un humor típicamente británico, en nuestro caso es un humor muy complejo sobre cómo bromeamos sobre situaciones críticas. Espero, en ese sentido, que esta segunda parte de la novela sea leída bajo el mismo criterio: la vida es tragicómica. La vida no es un lecho de rosas y tampoco es necesariamente todo lo oscura que uno cree por momentos. Es un balance total. Creo que si hay algo que los peruanos somos capaces es de haber sobrevivido, de haber llevado la fiesta en paz incluso con humor. Eso no quiere decir que no haya momentos dolorosos que hay que pasar por alto.

¿Qué es lo que te interesa contar como novelista?
Yo no tengo cuentas que saldar con mi pasado (ríe), creo que la idea es que se entretengan con el libro. Lo que tengo claro es que me gustan las novelas que sean entretenidas y que al mismo tiempo sean inteligentes y que te dé datos para comprobar que aparecen en la novela. Por ejemplo, ¿son tan locos los gringos para colocar la máscara de Darth Vader en la cúpula de una catedral? Sí, eso fue cierto (ríe). La gente tiene que entrar queriendo divertirse y que a su vez los lleve a reflexionar: «¿estará bien que me ría de esto?»

Foto: Handrez García
Foto: Handrez García

Es peculiar cómo, quienes vivieron la crisis de los años 80, actualmente ven las cosas de esa época con humor. Se suele bromear con la Leche ENCI, con las colas, toques de queda…¿Es una manera más sencilla de reflexionar sobre el pasado?
Creo que en la Lima de esa época vivías en un espacio difuso entre la realidad y aquello que no era cierto. Uno diariamente veía las noticias de los atentados terroristas y la gente vivía con eso, y con la discusión de esa época que aparece en la novela «los terroristas son malditos y no tienen derechos humanos». Eso está alrededor de esa época crítica del país, en donde los sábados veíamos -en este orden-: Gigante Deportivo, Trampolín a la fama, Risas y Salsa, y Viva el Sábado. La gente seguía haciendo su vida y salía a bailar a La Máquina del Sabor, y otras discotecas. Esa era la vida y la vida es así. Entendiendo cómo era la vida en ese momento podremos entender cómo es la vida ahora.

Combinas elementos ficticios con elementos de la realidad. Por ejemplo, este caso de la aparición en medios de que el embajador peruano en Argentina se reunió con miembros del Movadef. También hay datos de época. Es una novela de humor, pero con documentación seria.
Algo que puede surgir a partir de la novela es que a la gente más joven le dé curiosidad de contrastar los nombres de la época con los hechos reales para que empiece a buscar. Lo curioso es que los hechos más absurdos que aparecen en el libro son reales (ríe).

¿Esta brevedad de la novela es una apuesta porque vienen más libros sobre las aventuras de Malko Linge en el Perú?
(Ríe) Es una apuesta porque las novelas de espías tienen a darle más vueltas al asunto. El final de la novela es abierto, pero no tanto. El hecho de que la novela sea una parodia hace que sea corta y termine abruptamente, y porque permite darle un contexto de época. ¿Hasta cuánto va a durar esto? Creo que hay miradas que se deben ver en su contexto. Probablemente la siguiente novela ya no sea en el año 1986 sino en el 87 que es un año más duro, explicando bien qué pasó y que ese Alan García se convirtió en un tipo odiado y al que todos espetaban la responsabilidad de la situación caótica del país. En la medida que me siga divirtiendo seguiré escribiendo sobre esto y si son publicados o no  y si a la gente les gusta, eso ya escapa a mí.

 

LOS CINCO LIBROS RECOMENDADOS DE ALEJANDRO NEYRA

  1. Nuevos juguetes de la Guerra Fría, de Juan Manuel Robles.
  1. De noche andamos en círculos, de Daniel Alarcón.
  1. Facsísmil, de Alejandro Zambra.
  1. Huáscar, de Carlos Tromben.
  1. Nos vemos allá arriba, de Pierre Lemaitre.

 

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