“Adormecer a los felices”, de Diego Trelles Paz

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(Foto: Alessandro Pucci)
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Una lectura del libro de cuentos Adormecer a los felices, del escritor peruano Diego Trelles Paz.

 

Por Bruno Ysla Heredia

Hace unos meses el escritor Diego Trelles Paz anunció en su muro de facebook que había culminado la escritura de su tercera novela y quinto libro, una publicación con la que ha prometido a sus lectores “que se van a divertir y a llorar y a asustarse y a reírse mucho”. Tiempo antes, el crítico Javier Agreda había comentado en su blog personal (anteriomente lo había hecho en el portal  El montonero) el que fue, hasta aquel anuncio, el más reciente libro de Trelles: Adormecer a los felices (Planeta, 2015). Este conjunto de cuentos, a pesar de haber sido mencionado en, por lo menos, tres recuentos literarios de fines del año pasado (el de Ricardo González Vigil para las revistas Poder y Caretas, el de José Guich para el diario El Comercio , y el de José Carlos Yrigoyen para su columna en Perú21)  no fue reseñado mucho en medios locales; sea impresos: El mismo González Vigil le dedicó una reseña elogiosa en su columna Olor a tinta de Caretas;  semivirtuales: Alexis Iparraguirre publicó, para la edición virtual de la Revista Ideele, un acercamiento novedoso al libro sobre la posición desde la que se narra; o netamente virtuales:  Una reseña en la revista Perro negro firmada por Alejandro Lozano.

La primera noticia que tuve de Diego Trelles fue en la convulsionada década de 1990, en las páginas de la revista Caleta, que dirigían y editaban Percy Pezúa y Julián Rodríguez, y donde también redactaban los hoy periodistas Fidel Gutiérrez, desde los primeros números, y Oscar García, hacia los últimos; allí Trelles escribía artículos y reseñas sobre lo que entonces se llamaba “rock alternativo” y también sobre las bandas y los discos de rock peruano que vivía un momento de atención especial en los medios masivos. Era obvio, entonces, el apego de Trelles hacia ese estilo que se llamó Grunge, especialmente la banda Pearl Jam, y en el plano local, hacia el grupo de hardcore G3, que acababa de reunirse con nuevos miembros. Lo suyo no se quedó sólo en la redacción, como ha recordado en esta entrevista para Radio Francia Internacional, ya que llegó a formar una banda de nombre Plaza Cutervo, y sacar una canción que apareció en un compilado en casette (Audición radical) que acompañó uno de los números de la revista. Nada de lo que he dicho, pues, es historia secreta, ni lo he mencionado gratuitamente, puesto que su primer libro, el conjunto de cuentos Hudson el redentor (2001), que se colocó dentro de la típicamente noventera narrativa JUM (Juventud Urbano Marginal), salió bajo el auspicio editorial de la revista, en su única aventura libresca.  Posteriormente, con la publicación de su primera novela, El círculo de los escritores asesinos (Candaya, 2005), se haría visible la influencia de Roberto Bolaño en su obra, a la vez que empezaba a conocer el éxito, y con la segunda, Bioy (Destino, 2012), esto último se confirmaría pues ganó, en el año de su publicación, el premio Francisco Casavella y fue finalista del Rómulo Gallegos al año siguiente.  En medio de ello, Trelles compilaría el libro El futuro no es nuestro. Nueva narrativa latinoamericana publicado en 2009, que ha tenido varias y distintas ediciones.

Como ha sido señalado en las reseñas de Adormecer a los felices, el conjunto está dividido en dos secciones o partes: Los cuentos ambientados en el Perú, primero, y aquellos que ocurren en el extranjero, con un intermedio que tiene justamente ese nombre, Intermezzo. Este cuento funciona como una línea divisoria o limítrofe entre ambas secciones, pues tiene sólo dos personajes, un peruano y un mexicano; de estilo minimalista, un solo diálogo, es uno de los que más me han gustado del libro; la conversación entre los dos personajes, que parece sacada de una película de gánsteres,  al estilo de las primeras de Quentin Tarantino, sucede con una fluidez que al llegar rápidamente el final abierto intuyo que va a ocurrir algo grande entre los dos personajes. Intermezzo es el anuncio de una segunda parte de más interés que la primera, si bien Trelles no deja de plantear ideas muy interesantes en casi todos sus cuentos. Los tres primeros presentan  una realidad aparentemente apacible que de pronto es quebrada por otro contexto que irrumpe en ella: Esto se ve más en el segundo y el tercer cuento, Nunca he sabido cómo hacer para odiarla y El azar de Melody, respectivamente. En estos cuentos, a la manera del relato Muerta bajo mi culo gris entre sus piernas del libro La orina tibia de tu cuerpo (2013) de Cecilia Podestá, el drama social arremete en lo íntimo y lo transforma. Al respecto, la crítica que ha hecho Alejandro Lozano de estos cuentos de Trelles, sobre lo forzado de su tratamiento, me parece muy atendible. Por supuesto que se podría pensar que lo forzado tiene que ver con la irrupción de la violencia social; sin embargo, la clave la encuentro en el primer cuento, El aprendiz, cuando en las últimas líneas del mismo, el narrador menciona algo de meterse en la vida personal de su jefe y de la pregunta por una mujer misteriosa que, fuera de una mención sin mucha importancia, no tiene nada que ver con lo que se narraba hasta ese momento. Este problema de fluidez es superado en la segunda sección del libro, especialmente en los dos primeros cuentos, y en el último, “Vinilo”. Incluso, Trelles hasta se anima a insertar en el último relato unos chistes que están muy contables y que me hicieron recordar el ánimo jocoso de alguna de sus reseñas en la revista Caleta (recuerdo una del disco Caída libre del grupo chileno Ex en la que decía que los Parra eran una familia de una gran tradición artística en Chile así como los Trelles en el Perú, para luego agregar candorosamente que lo último era una broma). Pero de vuelta a los dos primeros relatos de la segunda parte del libro: En Sección surrealista en el Harry Ransom Center, lo literario, está muy presente como en otros cuentos del libro y el cambio de perspectiva final es uno de los momentos más logrados del conjunto;  y en ¿Cómo se encuentra hoy, Madame Arnoux?, que he dejado para el final  porque es el que más me ha gustado, Diego Trelles logra el equilibrio: La fluidez y la sutileza al insertar lo social en lo íntimo. Al terminar de leerlo pensé que esos personajes merecían un plano mayor de existencia, una novela quizás; aunque es cierto que un personaje como El Chato ya había aparecido previamente en la obra de su autor. Ojalá pues que el nuevo libro de Diego Trelles Paz siga en esta dirección.

 

 

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